Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 3)

El balance de las fuerzas políticas sudafricanas

Las opiniones que muestran los dos grandes partidos políticos sobre el periodo posterior a la transición democrática y sobre la situación actual son contrapuestas. El Congreso Nacional Africano centra sus explicaciones en la dificultad del proceso y en los éxitos conseguidos; mientras que la Democratic Alliance basa su discurso en la crítica de los insuficientes avances y en la corrupción gubernamental. Para contrastar estas dos visiones sobre la realidad sudafricana me he basado en dos textos: por un la lado el documento Towards a Ten Year Review, editado por el departamento de presidencia; y por el otro, el documento Truth and Denial Document, redactado por la DA. Ambos son textos extensos y complejos, especialmente el documento gubernamental, por tanto, trataré de resumir sucintamente las ideas principales y su balance del periodo.

La visión que muestra el CNA sobre la actual Sudáfrica es positiva. El énfasis recae en los los logros del periodo y en la dificultad que ha supuesto superar las injusticias provocadas por el régimen anterior. El CNA se muestra satisfecho con los logros conseguidos pero es consciente que aún queda mucho para superar algunas de las problemáticas más graves. Lo más destacado por el partido del gobierno son los éxitos logrados en determinados campos: avances sociales, políticas de discriminación positiva, reducción de la pobreza y estabilidad democrática.

Simpatizantes del CNA en Johannesburgo dando su apoyo al presidente Jacob Zuma.

Estos cuatro frentes son altamente positivos, y el CNA valora especialmente el periodo de consolidación democrática que Sudáfrica ha vivido en los últimos años. La democracia sudafricana es fuerte, y el pueblo sudafricano pone su confianza en el CNA para solventar sus dificultades y llevar a Sudáfrica al siguiente nivel de desarrollo social y económico. Pese a esta visión, en general, positiva y optimista, el CNA también reconoce que aún no se ha hecho suficiente en algunos ámbitos. Los índices de pobreza se han reducido, pero aún son elevados. La igualdad racial es teórica, pero queda un amplio margen de mejora para que la sociedad sudafricana sea una sociedad más igualitaria y justa.

Dentro del propio CNA existen corrientes críticas que analizan la situación sudafricana desde otras perspectivas. El caso más destacado es la postura de la Youth League – las juventudes del CNA – que afirma que aún existe racismo en Sudáfrica y que este afecta sobretodo a la juventud negra, que dispone de menos oportunidades que los jóvenes de otros grupos étnicos. La Youth League centra su discurso, radical en ocasiones, en la denuncia de las desigualdades que aún existen en la sociedad sudafricana y por ello exigen una mayor fuerza de las políticas de discriminación positiva.

Las juventudes del partido gubernamental se muestran críticas y exigen reformas más rápidas.

En conclusión, la visión sobre los quince años posteriores a las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica del CNA es positiva, pero también consciente de los obstáculos que el país tiene que superar. Incluso dentro del movimiento gubernamental existen opiniones más críticas que reclaman un mayor esfuerzo y una mayor actividad redistributiva para conseguir hacer frente a las dificultades de forma más rápida y eficaz.

Con respecto al discurso de la DA sobre este periodo, el documento Truth and Denial trata de reflejar la imagen real de Sudáfrica, muy alejada, según la DA, de la idílica visión del CNA. Este texto compara diferentes estudios internacionales con el discurso gubernamental. Un gran número de aspectos son analizados en estos estudios, y la realidad que muestran es muy diferente de la realidad presentada por el CNA.

Algunos de los estudios que utiliza la DA para demostrar la veracidad de su postura son:

  • Índice de Desarrollo Humano: Sudáfrica desciende 27 puestos de 2001 a 2006.
  • International Maths and Science Study (Educación): descenso de 11 puestos de 1999 a 2003.
  • Global Competitiveness Index (Competitividad económica): descenso de 5 puestos de 2006 a 2007.
  • Economic Freedom Network (Índice de libertad económica): descenso del puesto 47 en el año 2000 al puesto 59 en año 2006, de un total de 130 estados.
  • Transparency International Global Corruption Barometer (Percepción de corrupción en las sociedades): aumento de 2004 a 2005 y descenso de 2005 a 2006. Es destacable la percepción de corrupción en la policía.
  • Global Peace Index: Sudáfrica situada en el puesto 99 de 121. Compara el nivel de criminalidad de Sudáfrica con países como China, India o Rusia.

La Democratic Alliance, el principal partido de la oposición.

A partir de estos datos, la DA llega a la conclusión de que la descripción que presenta el CNA está muy alejada de la realidad del país. La DA pone el énfasis en las dificultades y en los fracasos de estos quince años. Según el partido en la oposición en Sudáfrica la desigualdad está aumentando, la criminalidad cada vez es más elevada, la pobreza está más extendida y los niveles educativos están descendiendo a niveles muy precarios.

Esta breve comparación entre las visiones sobre Sudáfrica de las dos grandes fuerzas políticas muestran dos realidades prácticamente contrapuestas. La posición que ocupan en el sistema político del país, el CNA en el gobierno y la DA en la oposición, influye decisivamente en sus respectivos análisis. El gobierno destaca únicamente los aspectos positivos y los efectos beneficiosos de sus políticas, mientras que la oposición se centra solamente en los elementos negativos y en los fracasos gubernamentales. A causa de este evidente sesgo en sus opiniones, la respuesta a la pregunta inicial del – ¿cuál es la situación de Sudáfrica después de más de 15 años de democracia? – no puede ser hallada basándome en estas opiniones. Por este motivo, a continuación analizaré la visión de dos historiadores, teóricamente neutrales.

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 2)

(viene de la Parte 1)

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación

El principal problema para los nuevos gobiernos que se establecen en los estados que emergen de un conflicto prolongado es el de la justicia. Se encuentran con tres límites que son previos a la creación del propio gobierno. El primero es el carácter histórico de la legalidad establecida por el régimen autoritario, es decir, la justicia tiene manchada su reputación, la población no tiende a depositar su confianza en la justicia tras años de injusticia legal. El segundo es el equilibrio de poderes entre las partes, entre las fuerzas del régimen anterior y sus opositores; cuanto mayor sea el poder de las fuerzas opositoras democráticas mayor legitimidad podrá conseguir la justicia. Y el tercero es la necesidad de llegar a acuerdos concretos para acabar con el conflicto, esto es, las actuaciones de urgencia necesarias para desactivar el conflicto.

Los nuevos gobiernos tienen ante si una gran disyuntiva. Por un lado, la lógica política vinculada a la utilidad, y por el otro, la lógica ética asociada a la dinámica de la justicia. La utilidad política tiene como principal objetivo la reconciliación, a la que se puede llegar mediante comisiones de la verdad. En cambio, la lógica ética tiene como finalidad la venganza que se consigue mediante los procesos judiciales. Para Richard Wilson ambas líneas de actuación son complementarias, y lo ideal es su puesta en marcha conjunta.

Al final del periodo del apartheid – años 80 -, el enfrentamiento entre el gobierno del National Party y la oposición había llegado a un nivel en el cual sólo existían dos opciones: el enfrentamiento militar abierto –una guerra civil – o un arreglo político. Ninguno de los dos bandos podía vencer sobre el otro, y ante la fuerza de la oposición, el gobierno decidió tratar de contactar con el CNA para iniciar unas posibles negociaciones. La clave de la democratización es la potencia de la oposición política; cuanto más poderosa sea, más altas cotas de democracia y justicia se podrán conseguir.

La situación internacional había cambiado mucho tras el desplome de la Unión Soviética y con ella, del bloque comunista. Occidente ya no podía permanecer inactivo ante los hechos que estaban ocurriendo en Sudáfrica. Nelson Mandela se había convertido en un símbolo global, y la presión contra el gobierno y contra los sudafricanos blancos iba en aumento. La situación económica tampoco era favorable, y finalmente, el gobierno decidió legalizar a la oposición: CNA, Congreso Panafricanista (CPA) y Partido Comunista de Sudáfrica (SACP), además de liberar a Mandela.

Las negociaciones, aunque parezca mentira, no hicieron sino incrementar la violencia reinante en el país. El número de víctimas políticas del periodo 1990-1994 fue mucho más elevado que el de toda la década de los ochenta. Eran especialmente violentos los enfrentamientos entre militantes del CNA y los del Partido de Liberación Inkatha, espoleado, como se supo después, por el gobierno racista del NP. El propio gobierno decía que esta violencia era exclusivamente étnica, y que demostraba el inferior estado de desarrollo de la población negra.

Manifestación de miembros de Inkatha. La violencia estaba presente en el convulso proceso hacia la democracia.

Las negociaciones recibieron el nombre de CODESA (Convención para una Sudáfrica Democrática) y en ellas participaron todas las fuerzas políticas de Sudáfrica, aunque el papel principal lo jugaron el National Party y el Congreso Nacional Africano. El momento crítico fue junio de 1992, cuando las negociaciones llegaron a un punto muerto y se detuvieron. El CNA ganó el pulso al gobierno y mediante manifestaciones masivas consiguió que se reanudaran.

Los ataques del Inkatha contra feudos del CNA que acabaron con 48 víctimas mortales -la matanza de Boipateng- , cambió la postura del CNA, que como protesta contra la presunta implicación de las fuerzas de seguridad del Estado en los hechos, decidió retirarse de las negociaciones. La posterior campaña de protestas masivas lideradas por el CNA y con el apoyo del COSATU (Confederación de Sindicatos de Sudáfrica), dotó de nueva fuerza al partido de Nelson Mandela. La relación de poder había cambiado, a partir de este momento, el CNA iba a llevar la voz cantante en todo el proceso, como demostró el Documento del Entendimiento firmado por el presidente De Klerk y Mandela. NP y CNA dejaron de lado a los radicales y acercaron sus posturas. Además el NP se alejó definitivamente del Inkatha, que volvió a ocupar el papel secundario que le correspondía.

En noviembre de 1993 CNA y NP acordaron la celebración de elecciones plenamente democráticas en abril de 1994, y el establecimiento hasta esa fecha de un Gobierno de Unidad Nacional liderado por el CNA, pero con importantes ministerios para los pesos pesados del NP Botha y De Klerk. También se aprobó la nueva Constitución Transitoria, que debía tutelar el proceso hasta la formación de la nueva Asamblea Constituyente electa.

Nelson Mandela tras ser proclamado presidente de Sudáfrica.

Tras este relato de los hechos, a partir de ahora me centraré en los aspectos directamente relacionados con la transición política: la amnistía y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

  • La negociación de la amnistía:

Las negociaciones de Sudáfrica fueron unas de las más democráticas de la historia en una transición política. Muchas fuerzas tenían voz y voto, pero como sucede en la mayoría de casos, la justicia es uno de los temas más espinosos, en el que las fuerzas mayoritarias tratan de imponer su visión. En el caso sudafricano, las negociaciones sobre la justicia, centradas básicamente en la amnistía, se llevaron a cabo exclusivamente entre el CNA y el NP.

La Constitución transitoria contenía un apartado, denominado postámbulo, cuyo título era “Unidad Nacional y Reconciliación”. Las bases que establecía eran el entendimiento y la reparación, por contraposición a la venganza y la represalia. Este acto de buena voluntad acabó deparando una amnistía muy cercana a la impunidad. El lema de la CVR, Reconciliación mediante la verdad, y se acabó transformando en Reconciliación mediante la impunidad, ya que esta vía fue la que se utilizó en muchos casos. Las organizaciones cívicas no tuvieron margen de actuación suficiente, pero al menos consiguieron que la amnistía se integrara en la Comisión.

  • La CVR como umbral institucional:

Riachard A. Wilson (Director del Human Right Institute de la Universidad de Connecticut) define las comisiones de la verdad como mecanismo de creación de legitimidad para las nuevas instituciones, es decir, son un elemento de distanciamiento del régimen anterior. Sigue a Hannah Arendt, quien dijo en su Los orígenes del Totalitarismo que lo primero que hace un sistema totalitario es matar el impulso legal de los ciudadanos. Una comisión de la verdad trata de hacer renacer este impulso, es una respuesta a la falta de fe de la ciudadanía en los tribunales.

La reforma del sistema judicial es siempre, como se ha dicho antes, un gran problema para los nuevos gobiernos. La mayoría de funcionarios, incluso algunos de alto rango, siguen en sus puestos, hecho que resta credibilidad ante la población. En el caso de Sudáfrica, el Estado tenía muchas dificultades para demostrar la culpabilidad del régimen anterior en muchos sucesos, ya que la justicia estaba viciada por décadas de actuaciones antidemocráticas. El caso en que el anterior ministro Malan fue acusado de intervenir favoreciendo la actuación del Inkatha contra el CNA y su posterior puesta en libertad por falta de pruebas afectó muy negativamente a la percepción de la justicia de los sudafricanos negros.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación era una forma de afrontar los problemas que tenía ciertas ventajas. En palabras de Desmond Tutu, la CVR presentaba mejores perspectivas para el establecimiento de la verdad que los tribunales. Además, los tribunales no tenían la capacidad de actuar contra todos los crímenes cometidos durante los treinta y cuatro años que se establecieron como periodo de vigencia del apartheid. La CVR y la justicia ordinaria eran complementarios, aunque la debilidad de los tribunales hacía que algunos presuntos culpables prefirieran no acudir a la CVR.

El presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación: el arzobispo Desmond Tutu.

La CVR, y creo que este elemento es esencial, se constituyó como umbral. Era un elemento de mediación. No era una instancia jurídica ni política ni religiosa, pero reunía aspectos de las tres categorías. Era una institución creada como derecho público transitorio, que solo tenía la facultad de hacer recomendaciones al jefe del ejecutivo –el ya electo Nelson Mandela- sobre las reparaciones y las medidas institucionales, administrativas y legislativas para evitar violaciones de los derechos humanos.

Su carácter no exclusivamente jurídico la situaba más allá del ordenamiento legal sudafricano. Un ejemplo de esta situación era su capacidad de conceder la amnistía antes de que el acusado fuera condenado, con lo que podía conceder una especie de inmunidad política. En el caso concreto de la amnistía, la CVR actuaba como un tribunal que decidía entre otorgar la amnistía o denegar la inmunidad. Otro ejemplo de la peculiaridad de la comisión era el uso frecuente del testimonio como prueba legal, ya que el objetivo principal de la CVR era la verdad, la revelación total de los hechos.

La condición especial de la CVR también era visible por su posicionamiento intermedio entre los tres poderes del Estado. Era complementaria al sistema judicial, hacía recomendaciones al ejecutivo y presentaba informes ante el legislativo. De hecho, según Wilson, la CVR ponía los límites democráticos a los tres poderes. Era parte de la representación teatral que llevaba a cabo el nuevo estado para legitimarse frente a su antecesor. El potencial simbólico de la Comisión, derivado de su condición de entidad política, jurídica y, sobretodo, religiosa, es fundamental para comprender su alcance.

  • Los trabajos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

La CVR – presidida por el Arzobispo Anglicano Desmond Tutu –  estaba formada por diecisiete miembros. Se constituyó en tres comités: el de Violación de los Derechos Humanos, el de Reparaciones y Rehabilitación y el de Amnistía. El primero era el encargado de recibir las solicitudes de las víctimas, de tomar declaración a los testigos y de estudiar cada caso. Si la veracidad de un caso quedaba demostrada entraba en acción el segundo comité, cuya tarea consistía en valorar las medidas rehabilitadoras y las indemnizaciones adecuadas. El tercer comité, el de Amnistía, era independiente a los otros dos.

Algunas de las víctimas y testigos asistentes a las sesiones de la CVR.

La CVR recibió más de 21.000 declaraciones de víctimas. El gran número de actuaciones necesario para tratar de verificarlas generó una ingente labor de investigación externa a los cauces jurídicos ordinarios. Este factor permitió descubrir muchos hechos que hubieran quedado fuera del ámbito de acción de los tribunales. Ha sido, hasta la fecha, la comisión de la verdad con más atribuciones.

La actuación de la Comisión también tuvo que afrontar las limitaciones impuestas durante las negociaciones. La más grave fue que sólo serían consideradas como violaciones de los derechos humanos los actos que hubieran sobrepasado la propia legalidad del apartheid. Por tanto, las detenciones sin juicio, los traslados forzosos y un sinfín de violaciones de los derechos humanos no fueron considerados como tal. Es decir, se tenía que juzgar el pasado siguiendo sus propios criterios; la violencia ordinaria y cotidiana del apartheid quedaba impune.

Además, la CVR no contaba con los suficientes recursos para tratar de conseguir una verdadera justicia social. La redistribución económica necesaria para redireccionar los beneficios obtenidos gracias a la discriminación racial fue descartada. Pese a ello, la Comisión trató de hacer visible este hecho mediante grandes vistas de acontecimientos en que los grandes sectores sociales beneficiados por el anterior régimen –empresarios, jueces, iglesias, sector sanitario y medios de comunicación- declaraban ante la Comisión. Estas vistas trataban de hacer pública la colaboración de estos sectores con el régimen, o cuanto menos, su complacencia.

La CVR contaba con unos recursos muy escasos, además sólo tenía la capacidad de hacer recomendaciones ante otras instancias para promover la concesión de indemnizaciones. Este factor era conocido por las víctimas, sabían que su declaración en el mejor de los casos supondría una pequeña compensación. Muchas víctimas tan solo reclamaban el pago de una lápida como indemnización. Las que recibían mayores ayudas conseguían 3.500 $ anuales durante seis años. La Comisión no contemplaba medidas concretas para conseguir la reconciliación de la sociedad sudafricana, a pesar de que existían organizaciones que las proponían.

  • Amnistía:

La singularidad de la Comisión de la Verdad sudafricana es la vinculación de la amnistía con la propia comisión. En la mayoría de casos, la amnistía es un proceso judicial totalmente independiente. La CVR recibió más de 7.000 solicitudes de amnistía. Richard A. Wilson comenta que en el momento de escribir su artículo ha sido concedida a 170 personas, mientras que ha sido denegada a aproximadamente 1.500.

Los requisitos para solicitar la amnistía eran bastante claros. El delito por el que se pedía debía de haberse cometido en el periodo que va del 1 de marzo de 1960 hasta el 10 de mayo de 1994. Tenía que ser un delito de carácter político, que no estuviera motivado por el beneficio propio, el rencor o el despecho. Además, el solicitante debía relatar a la Comisión todo lo que supiera sobre el crimen, incluyendo la cadena de mando que lo había ordenado. Un aspecto llamativo era que no se pedía el remordimiento, hecho que no gustó a las víctimas, ya que en ocasiones vieron como eran amnistiados personajes que justificaban sus actos, e incluso algunos de ellos estaban orgullosos de lo que habían hecho. Cualquier proceso legal contra los acusados quedaba temporalmente suspendido mientras el comité de Amnistía de la CVR llevaba a cabo sus investigaciones.

Viñeta del dibujante sudafricano Zapiro que retrata la dificultad de conseguir la reconciliación en el seno de la sociedad sudafricana.

El principal inconveniente de la amnistía sudafricana es que las expectativas de las víctimas no se cumplieron, por varios motivos. La amnistía tenía carácter inmediato, mientras que las compensaciones para las víctimas llegaban tras largos periodos de espera. Además el hecho de no exigir el arrepentimiento de los culpables amnistiados fue difícil de llevar para los afectados. Entre las víctimas, la sensación de la impunidad oficial estaba muy presente.

Pese a esto, Richard A. Wilson considera que el proceso de amnistía que tuvo lugar en Sudáfrica ha sido mejor que el llevado a cabo en el resto de países en los que han tenido lugar procesos similares. Es muy importante que la amnistía no fuera general, sino individualizada. Además, la exigencia de revelaciones facilitó información que benefició a posteriores investigaciones.

  • El informe de la Comisión:

Las comisiones de la verdad son un mecanismo de creación de legitimidad para los nuevos estados que surgen de un proceso de transición. Pese a ello, hasta el momento no está demasiado claro si consiguen su objetivo. La impunidad de los anteriores dirigentes es siempre un grave inconveniente. Para solucionar este problema, la mejor opción es la publicación de nombres.

Los miembros de la CVR escuchando testimonios de víctimas del apartheid.

El informe de la CVR está formado por cinco volúmenes que suman en total 3.500 páginas. Se incluyen aproximadamente cuatrocientos nombres de implicados en violaciones de los derechos humanos, hecho deseable para todas las comisiones de la verdad, pero aún novedoso.

El informe trata de ser una especie de texto fundacional, trata de crear una nueva historia oficial de Sudáfrica. El Apartheid es definido como crimen contra la humanidad, para tratar de restar crédito a algunas teorías revisionistas que afirman que era un sistema de desarrollo separado con buena voluntad, aunque al final acabó desviándose. El informe cita las declaraciones de las víctimas, con el objetivo de que ellas también formen parte de la Historia de Sudáfrica. Otro elemento destacado es que el informe de la Comisión tiene validez jurídica y puede utilizarse para iniciar otros procesos, a diferencia de la mayoría de comisiones de la verdad.

El expresidente Frederik De Klerk.

Pese a la evidente buena intención, el informe tiene ciertas lagunas, ya que en los campos en que nadie solicitó la amnistía falta información. Por ejemplo, el expresidente De Klerk consiguió que se eliminara una página del informe en que se le vinculaba con los crímenes del Inkatha.

Pese a las reclamaciones de ciertos sectores del National Party y de la extrema derecha blanca de una amnistía general, una especie de ley de punto final, ésta no fue considerada por los líderes del CNA. A pesar de ello, Desmond Tutu hizo una propuesta según la cual los juicios por crímenes políticos no debían alargarse por un periodo superior a seis años, proponiendo, de esta manera una especie de prescripción de los delitos.

Bibliografía:

Artículo basado en el análisis de “Justicia y legitimidad en la transición sudafricana” de Richard A. Wilson, director del Human Rights Institute de la Universidad de Connecticut, que ha estudiado entre otras la transición de Guatemala y la de Sudáfrica. Está incluido en:

AGUILAR, P. et.al. Las políticas hacia el pasado. Juicios, depuraciones, perdón y olvido en las nuevas democracias. Ed. Istmo, Madrid, 2002.

Para ver el informe completo de la CVR: http://www.justice.gov.za/trc/

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 1)

Tras más de cuarenta años de gobierno del National Party sudafricano, en 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas de la historia de Sudáfrica. Por primera vez en casi un siglo de historia de Sudáfrica como estado independiente todos los ciudadanos estaban llamados a participar en el proceso político. Negros, blancos, mulatos (coloureds) e indios podían ejercer su derecho a voto en igualdad de condiciones. Tras la infamia del régimen de Apartheid – la segregación racial legalizada – Sudáfrica dejaba de ser un Estado paria y el mundo ponía sus ojos allí a causa de un hecho positivo.

Nelson Mandela votando en las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica.

Tras la euforia inicial, tras convertirse en ejemplo para el resto del mundo y ser designada como la nación del arco iris (rainbow nation), Sudáfrica despertó de este breve sueño y tuvo que afrontar numerosos problemas. La existencia de un régimen político abominable a lo largo de cuatro décadas dejó al país una herencia muy difícil de asumir. Una sociedad violenta, injusta y desigual debía decidir su futuro y enfrentarse a problemáticas muy diversas: desde la erradicación de la pobreza o el analfabetismo hasta la lucha contra la epidemia del SIDA.

El liderazgo de Nelson Mandela daba esperanzas a un pueblo que había sufrido mucho durante mucho tiempo. La carismática figura de Madiba aglutinó a un país que trataba de salir de un periodo oscuro. La transición política hacia un estado democrático fue uno de los grandes retos que Sudáfrica consiguió superar. Que este proceso fuera llevado a cabo de forma pacífica, evitando un conflicto bélico a gran escala, es visto aún hoy en día como algo cercano a lo milagroso.

Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica racista, junto a Mandela. Ambos consiguieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En el año 2010, Sudáfrica fue el centro del mundo durante más de un mes gracias a la celebración de la Copa Mundial de fútbol. Numerosos fueron los análisis superficiales emitidos por los medios de comunicación, en los que solamente se repetían una y otra vez los mismos tópicos. Los estereotipos usuales sobre el África negra y referencias a los elevadísimos niveles de violencia presentes en la sociedad sudafricana eran usados en innumerables ocasiones por supuestos expertos.

El éxito cosechado por la película Invictus – basada en el libro de John Carlin El factor humano -, dirigida por Clint Eastwood y con Morgan Freeman representando a Nelson Mandela, también fue un gran escaparate para Sudáfrica. En este caso, los ojos del mundo se centraron propiamente en el proceso de transición del régimen del apartheid a un régimen democrático. El papel central del rugby como elemento de cohesión nacional, un símbolo afrikáner como los springboks – la selección nacional de rugby de Sudáfrica – fue adoptado como propio por gran parte de los sudafricanos negros. En el momento culminante, con una gran carga simbólica, Nelson Mandela hizo entrega de la copa que acreditaba que Sudáfrica era la campeona del mundo al capitán springbok François Pienaar.

Nelson Mandela saludando al capitán de los Springobks François Pienaar, tras hacer entrega de la copa del mundo.

Tras más de quince años desde las primeras elecciones democráticas, en las que Nelson Mandela fue elegido presidente de todos los sudafricanos por una abrumadora mayoría, creo que es posible analizar el actual estado de Sudáfrica y qué visiones son las más presentes en el panorama político sudafricano.

El análisis consta de tres partes fundamentales: en primer lugar, analizaré uno de los elementos esenciales del proceso de transición sudafricano, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y sus efectos en la democracia sudafricana (Parte 2). En segundo lugar, haré una breve comparativa de los balances que realizan las dos principales fuerzas políticas sudafricanas, el Congreso Nacional Africano (CNA), en el gobierno, y la Democratic Alliance (DA), en la oposición, haciendo especial énfasis en los argumentos de ésta última (Parte 3). Finalmente, compararé los análisis que llevan a cabo dos historiadores, R.W. Johnson ex-profesor en la Universidad de Oxford y corresponsal del Sunday Times en Ciudad del Cabo; y Robert Ross, profesor en la Universidad de Leiden (Parte 4).

Imprescindibles. El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi, dibujante japonés nacido en 1947, trabajaba normalmente con guionistas. Él era el encargado de dar vida a los guiones, y por tanto, de adaptar su dibujo a los deseos de otros, generalmente con grandiosos resultados. En cambio, en El almanaque de mi padre, fue dibujante y también guionista. Fue el autor integral del cómic y consiguió una auténtica obra maestra.

Yoichi Yamashita es el protagonista de la historia. Es un hombre que vive en Tokyo y debido a sus compromisos laborales ha perdido el contacto con su familia, que reside en Tottori, en el suroeste rural japonés. La muerte de su padre es el hecho que da inicio al relato, ya que Yoichi se ve obligado a volver a su pueblo y reencontrarse con su hermana, su tío, su madrastra y, sobretodo, con su pasado.

La feliz infancia de Yoichi en la barbería de su padre.

El gran incendio de Tottori del año 1952 supuso un punto de inflexión en la vida del pequeño Yoichi y en la relación con su padre. Con la ayuda de su hermana y de su tío Daisuke, el protagonista va reconstruyendo su historia y la pérdida de contacto con su padre. Los sentimientos de Yoichi van cambiando a medida que va descubriendo cómo era en realidad su padre, que se había convertido en un desconocido para él.

La familia Yamashita y Tottori son un gran retrato del Japón rural de la posguerra. Taniguchi, mediante esta historia familiar, consigue mostrar al lector la realidad de una generación entera de japoneses. La sensación de que la vida en el pueblo imponía unos límites terribles para la gente joven; el deseo de escapar a Tokyo, la tierra de las oportunidades, era compartido por millones de jóvenes japoneses, y entre ellos se encontraba el propio Jiro Taniguchi. El almanaque de mi padre no es una obra autobiográfica, pero como el autor reconoce en el epílogo, hay determinados elementos que sí lo son.

La memoria y su construcción tienen un papel central en el relato.

Un dibujo muy cuidado, una historia muy emotiva y una relación padre-hijo en la cual todos podemos sentirnos reflejados en un determinado momento son los ingredientes que conforman esta majestuosa novela gráfica. Alejado del manga más común, El almanaque de mi padre es una obra de una gran profundidad psicológica. La nostalgia, el rencor y el arrepentimiento son sentimientos tremendamente humanos, y Jiro Taniguchi traslada esta humanidad a las viñetas en blanco y negro como el mejor novelista. En definitiva, imprescindible.

Esport i política: una proposta didàctica

L’esport s’ha convertit al llarg del segle XX i especialment en l’inici del segle XXI en el gran espectacle de masses. És una gran indústria que mou anualment milers de milions d’euros; una indústria que crea a les més grans icones, conegudes arreu; un negoci transversal que mou als ciutadans de totes les ideologies i totes les classes socials. En definitiva, l’esport és un dels eixos fonamentals de la nostra societat, i per tant, crec que és interessant que arribi als i les estudiants a l’escola, des d’una perspectiva diferent a la que ofereix l’àrea d’educació física.

Alguns dels grans mites de l’esport.

Tradicionalment, la pràctica esportiva ha estat vista com una activitat molt allunyada de la cultura, i en moltes ocasions, ha estat menystinguda. Durant gran part del segle XX, i especialment pel que fa al futbol – l’esport més massiu -, els intel·lectuals han buscat allunyar-se’n. L’origen del futbol com a esport dels obrers a l’Anglaterra del segle XIX, va fer que les classes altes optessin per altres opcions com el rugby o el críquet. Al món llatí, el futbol va ser l’esport més seguit, i tret d’excepcions (Roberto Fontanarrosa o Manuel Vázquez Montalbán, per citar dos autors), el futbol era vist de manera molt negativa: l’opi del poble.

En els últims anys, aquesta visió ha anat perdent força, tot i que encara perdura en determinats cercles. I crec que l’àmbit educatiu és un dels que encara no han modificat la seva visió de l’activitat esportiva. L’assignatura d’educació física té només dues hores setmanals, i la seva orientació és totalment pràctica. L’escassa teoria que els alumnes estudien versa de les característiques d’esports concrets, fases de l’entrenament (escalfament o flexibilitat) i hàbits saludables. La història de l’esport i les seves interrelacions amb diversos sectors socials no són mai estudiades.

Jesse Owens al podi dels 100m llisos de Berlin ’36.

El que proposo és la realització d’una matèria optativa que estudiï la vinculació entre l’esport i la política al llarg del segle XX, fent èmfasi en determinats personatges i moments que il·lustren la realitat del període. L’estructura de la matèria seria la següent:

0.- Introducció: l’esport en l’antiguitat.

     0.1.- Grècia: els Jocs Olímpics

     0.2.- Roma: gladiadors i quàdrigues

1.- Els Jocs Olímpics Moderns.

     1.1.- Els orígens: Pierre de Coubertin

     1.2.- Els valors olímpics

2.- Esport i feixisme.

     2.1.- La Itàlia de Mussolini i el Mundial del 1934

     2.2.- L’Alemanya Nazi i l’esport

          2.2.1.- Els Jocs Olímpics de Berlin 1936

               2.2.1.1.- Jesse Owens: l’heroi dels jocs

          2.2.2.- Matthias Sindelar i el Wunderteam austríac

3.- Esport i comunisme.

     3.1.- L’esport a la URSS

     3.2.- Esport i dopatge a la RDA

4.- L’esport actual.

     4.1.- El gran negoci

          4.1.1.- Michael Jordan i l’NBA

          4.1.2.- Els nous fenòmens: Beckham, Bolt, Phelps, Messi.

     4.2.- La publicitat

En funció de les hores disponibles es podria aprofundir més o menys en les diverses unitats. Crec que aquesta proposta inclou els moments més destacats en què conflueixen esport i política al segle XX; i a l’hora presenta un panorama general de l’evolució de l’activitat fins arribar a la situació present. Sóc conscient que aquesta proposta obvia la situació de l’esport a l’Estat Espanyol i a Catalunya, però entenc que és més interessant donar a conèixer realitats més llunyanes a l’alumnat que donen una panoràmica global sobre aquest fenomen.