Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 1)

Tras más de cuarenta años de gobierno del National Party sudafricano, en 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas de la historia de Sudáfrica. Por primera vez en casi un siglo de historia de Sudáfrica como estado independiente todos los ciudadanos estaban llamados a participar en el proceso político. Negros, blancos, mulatos (coloureds) e indios podían ejercer su derecho a voto en igualdad de condiciones. Tras la infamia del régimen de Apartheid – la segregación racial legalizada – Sudáfrica dejaba de ser un Estado paria y el mundo ponía sus ojos allí a causa de un hecho positivo.

Nelson Mandela votando en las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica.

Tras la euforia inicial, tras convertirse en ejemplo para el resto del mundo y ser designada como la nación del arco iris (rainbow nation), Sudáfrica despertó de este breve sueño y tuvo que afrontar numerosos problemas. La existencia de un régimen político abominable a lo largo de cuatro décadas dejó al país una herencia muy difícil de asumir. Una sociedad violenta, injusta y desigual debía decidir su futuro y enfrentarse a problemáticas muy diversas: desde la erradicación de la pobreza o el analfabetismo hasta la lucha contra la epidemia del SIDA.

El liderazgo de Nelson Mandela daba esperanzas a un pueblo que había sufrido mucho durante mucho tiempo. La carismática figura de Madiba aglutinó a un país que trataba de salir de un periodo oscuro. La transición política hacia un estado democrático fue uno de los grandes retos que Sudáfrica consiguió superar. Que este proceso fuera llevado a cabo de forma pacífica, evitando un conflicto bélico a gran escala, es visto aún hoy en día como algo cercano a lo milagroso.

Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica racista, junto a Mandela. Ambos consiguieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En el año 2010, Sudáfrica fue el centro del mundo durante más de un mes gracias a la celebración de la Copa Mundial de fútbol. Numerosos fueron los análisis superficiales emitidos por los medios de comunicación, en los que solamente se repetían una y otra vez los mismos tópicos. Los estereotipos usuales sobre el África negra y referencias a los elevadísimos niveles de violencia presentes en la sociedad sudafricana eran usados en innumerables ocasiones por supuestos expertos.

El éxito cosechado por la película Invictus – basada en el libro de John Carlin El factor humano -, dirigida por Clint Eastwood y con Morgan Freeman representando a Nelson Mandela, también fue un gran escaparate para Sudáfrica. En este caso, los ojos del mundo se centraron propiamente en el proceso de transición del régimen del apartheid a un régimen democrático. El papel central del rugby como elemento de cohesión nacional, un símbolo afrikáner como los springboks – la selección nacional de rugby de Sudáfrica – fue adoptado como propio por gran parte de los sudafricanos negros. En el momento culminante, con una gran carga simbólica, Nelson Mandela hizo entrega de la copa que acreditaba que Sudáfrica era la campeona del mundo al capitán springbok François Pienaar.

Nelson Mandela saludando al capitán de los Springobks François Pienaar, tras hacer entrega de la copa del mundo.

Tras más de quince años desde las primeras elecciones democráticas, en las que Nelson Mandela fue elegido presidente de todos los sudafricanos por una abrumadora mayoría, creo que es posible analizar el actual estado de Sudáfrica y qué visiones son las más presentes en el panorama político sudafricano.

El análisis consta de tres partes fundamentales: en primer lugar, analizaré uno de los elementos esenciales del proceso de transición sudafricano, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y sus efectos en la democracia sudafricana (Parte 2). En segundo lugar, haré una breve comparativa de los balances que realizan las dos principales fuerzas políticas sudafricanas, el Congreso Nacional Africano (CNA), en el gobierno, y la Democratic Alliance (DA), en la oposición, haciendo especial énfasis en los argumentos de ésta última (Parte 3). Finalmente, compararé los análisis que llevan a cabo dos historiadores, R.W. Johnson ex-profesor en la Universidad de Oxford y corresponsal del Sunday Times en Ciudad del Cabo; y Robert Ross, profesor en la Universidad de Leiden (Parte 4).

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