El país de las trincheras

Nuestra sociedad es cada vez más maniquea. Todo es blanco o negro. No hay espacio ni tiempo para el análisis ni para los matices. Los grandes voceros utilizan el conmigo o contra mí y ésto acaba afectando a toda la sociedad. Este fenómeno se produce en muchos ámbitos, pero creo que en los últimos tiempos tiene lugar especialmente en dos campos: el deporte y la política.

En el caso del deporte, el maniqueísmo afecta a todos los niveles, pero es especialmente sangrante en el duelo continuo entre F.C.Barcelona y Real Madrid. La prensa deportiva favorable a cada uno de los dos grandes equipos del fútbol español retrata la realidad de una manera muy sesgada. No interesa la verdad, ni siquiera el intento de encontrar la objetividad. El único objetivo es dar una versión favorable al equipo al que defienden.

El sesgo de la prensa deportiva es obvio, aunque mucha gente no quiera verlo.

La trinchera es profunda, y como decía al principio, el análisis no tiene cabida. Una decisión arbitral dudosa favorable al rival es un “robo” y una decisión arbitral perjudicial para el rival es un “error humano”, o directamente se modifica la realidad y se niega la existencia del error. Cuando el equipo propio vence es por su calidad y por sus propios méritos, cuando gana el contrario es una conspiración federativa con oscuros intereses detrás. Se llega al extremo absurdo de defender a capa y espada el estilo de juego propio y la desacreditación total del estilo del rival; pero si cambia el contexto (por ejemplo, con la selección española) se es capaz de defender un estilo calcado al denostado anteriormente.

Con Pep Guardiola y Jose Mourinho el maniqueísmo deportivo creció de forma exponencial.

Como sucede en política, en el caso del deporte, las opiniones más extremas se retroalimentan. Gran parte de los aficionados de Real Madrid y F.C.Barcelona quedan eclipsados ante la irrupción de los extremistas de la trinchera. Reconocer el mérito del rival es considerado una traición, ser crítico con el equipo propio es tildado de “pseudo-madridista” o “pseudo-barcelonista”. No se argumenta y no se analiza. Los discursos se simplifican al máximo y parte de las aficiones sigue a estos líderes de la opinión irracional.

Las trincheras en política

Si en el ámbito deportivo las trincheras son evidentes y perjudiciales, en el ámbito político la situación es mucho peor. Se podría escribir un libro con infinidad de temas políticos en los que se utiliza el conmigo o contra mí, el blanco o negro, pero con la independencia de Catalunya el maniqueísmo creo que está llegando a su punto álgido.

En este caso las trincheras son el centralismo españolista más rancio (PP, UPyD y ciertos sectores dels PSOE) y el independentismo “mesánico” (Ciertos sectores de Ciu y de Esquerra). Las dos opciones se basan en discurso muy simple, como pasa en el deporte. Por un lado, el PP y afines afirman que la independencia sería un caos, que no se podrían pagar las pensiones ni las prestaciones por desempleo, que Catalunya sería un Estado excluido de la Unión Europea, y por tanto, un Estado paria. En definitiva, la independencia, además de ser muy egoísta sería un desastre absoluto. Por el otro, la independencia sería una maravilla. Una Catalunya independiente sería un Estado avanzado de los más ricos de Europa, los sueldos serían más elevados, las pensiones aumentarían y por tanto, los catalanes viviríamos mucho mejor.

Artur Mas rodeado de senyeres i estelades en los carteles electorales de CIU.

Artur Mas rodeado de senyeres i estelades en los carteles electorales de CIU.

Para quien esté interesado en ver estos dos discursos en acción, y además quieran ver cómo se gasta el dinero público en actos propagandísticos os recomiendo el visionado de estos dos reportajes: “Cataluña, independientes de la realidad” de Telemadrid y “La independència, pas a pas” de Televisió de Catalunya. No los sitúo en el mismo nivel, ya que creo que el de Telemadrid manipula mucho más y ofrece una visión mucho más sesgada, pero creo que es interesante ver ambos para hacerse una idea global de estas dos perspectivas.

Frente a estos dos discursos dominantes, cualquier opción matizada, cualquier análisis profundo y argumentado es desprestigiado desde ambas trincheras. Si no dices que la independencia es la solución a todos los problemas eres españolista o “unionista”, si en cambio dices que quieres que haya un referéndum y que el pueblo catalán debe tener el derecho a decidir eres automáticamente independentista y “odias a España”. Ambos discursos se retroalimentan y, además, consiguen beneficios electorales para las dos trincheras.

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