Historia y cómic

Después de 2 años de Historia i Cultura, el viernes hice público un nuevo blog en el que he estado trabajando en los últimos tiempos: Historia y cómic. Tras hablar de muchas cosas distintas en este blog, desde cómics o historia de África hasta series o la actualidad política; creo que ha llegado el momento de intentar especializarme un poco en alguna cuestión más concreta. El dicho “quien mucho abarca, poco aprieta” creo que se estaba cumpliendo en Historia i Cultura, ya que me era complicado escribir periódicamente a causa de la difusión de temas que me interesan y que tienen cabida en este blog.

Espero que los que seguís este blog le echéis un vistazo al nuevo, que creo que también será de vuestro interés. Un saludo cordial a todos y todas.

Imprescindibles. El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi, dibujante japonés nacido en 1947, trabajaba normalmente con guionistas. Él era el encargado de dar vida a los guiones, y por tanto, de adaptar su dibujo a los deseos de otros, generalmente con grandiosos resultados. En cambio, en El almanaque de mi padre, fue dibujante y también guionista. Fue el autor integral del cómic y consiguió una auténtica obra maestra.

Yoichi Yamashita es el protagonista de la historia. Es un hombre que vive en Tokyo y debido a sus compromisos laborales ha perdido el contacto con su familia, que reside en Tottori, en el suroeste rural japonés. La muerte de su padre es el hecho que da inicio al relato, ya que Yoichi se ve obligado a volver a su pueblo y reencontrarse con su hermana, su tío, su madrastra y, sobretodo, con su pasado.

La feliz infancia de Yoichi en la barbería de su padre.

El gran incendio de Tottori del año 1952 supuso un punto de inflexión en la vida del pequeño Yoichi y en la relación con su padre. Con la ayuda de su hermana y de su tío Daisuke, el protagonista va reconstruyendo su historia y la pérdida de contacto con su padre. Los sentimientos de Yoichi van cambiando a medida que va descubriendo cómo era en realidad su padre, que se había convertido en un desconocido para él.

La familia Yamashita y Tottori son un gran retrato del Japón rural de la posguerra. Taniguchi, mediante esta historia familiar, consigue mostrar al lector la realidad de una generación entera de japoneses. La sensación de que la vida en el pueblo imponía unos límites terribles para la gente joven; el deseo de escapar a Tokyo, la tierra de las oportunidades, era compartido por millones de jóvenes japoneses, y entre ellos se encontraba el propio Jiro Taniguchi. El almanaque de mi padre no es una obra autobiográfica, pero como el autor reconoce en el epílogo, hay determinados elementos que sí lo son.

La memoria y su construcción tienen un papel central en el relato.

Un dibujo muy cuidado, una historia muy emotiva y una relación padre-hijo en la cual todos podemos sentirnos reflejados en un determinado momento son los ingredientes que conforman esta majestuosa novela gráfica. Alejado del manga más común, El almanaque de mi padre es una obra de una gran profundidad psicológica. La nostalgia, el rencor y el arrepentimiento son sentimientos tremendamente humanos, y Jiro Taniguchi traslada esta humanidad a las viñetas en blanco y negro como el mejor novelista. En definitiva, imprescindible.

Bandeed. Una oportunidad para la música en directo

La sociedad española está sufriendo una crisis económica de grandes proporciones, que afecta a la mayoría de sectores. Los más afectados, ya que son los más dependientes del gasto público, son la sanidad, la educación y la cultura. La prioridad macroeconómica es paliar la deuda de las entidades bancarias y hacer frente a devolución de los cuantiosos intereses que los inversores exigen al Estado, de manera que los sectores que no producen un beneficio económico tangible a corto plazo están siendo castigados.

La economía neoliberal que imponen nuestros gobernantes percibe la salud de los ciudadanos, la educación de los jóvenes y la cultura, simplemente como gastos. Los resultados de invertir en estos sectores se obtienen a largo plazo, y en el ámbito político, el único plazo importante es el periodo de tiempo que falta hasta las siguientes elecciones. La sociedad no se ha quedado quieta – aunque exista una mayoría silenciosa – y numerosas iniciativas han surgido para hacer frente a esta situación.

Bandeed es una idea novedosa en el ámbito de la cultura, concretamente en el mundo de la música. Es una plataforma que pretende facilitar a bandas y salas de conciertos la realización de éstos. La idea es muy sencilla:

1) Se presenta un concierto, que necesita un determinado número de asistentes para ser rentable.

2) Se ponen a la venta entradas anticipadas a mitad de precio, hasta llegar al mínimo.

3) Si se llega a la cantidad mínima de asistentes, se confirma el concierto y se siguen vendiendo entradas anticipadas al 80% del precio en taquilla. Si no se llega al mínimo, el concierto no se celebra, los fans recuperan el coste de la entrada y las salas y los grupos no pierden dinero.

Uno de los problemas de los conciertos de pequeño formato es la viabilidad económica. Las salas cobran un alquiler a las bandas para usar su espacio, de manera que si no se venden suficientes entradas los grupos tienen que poner dinero de su bolsillo para poder tocar. La gran mayoría de músicos no se dedican profesionalmente y tan solo buscan cubrir gastos, pero en un contexto económico como el actual, en muchas ocasiones ésto no es posible.

Chapas con el logo de la plataforma Bandeed.

Bandeed ofrece la posibilidad a salas, músicos y fans de llevar a cabo conciertos y de no perder dinero con bolos con una asistencia anémica, ya que este hecho provoca que los requisitos para el siguiente grupo sean más severos. Pero además, Bandeed ofrece mucho más: un calendario en el que programar los conciertos a los que asistir y el porcentaje del aforo mínimo de cada uno de manera instantánea; la coordinación entre bandas, salas y fans para poder elegir las fechas más adecuadas; o la posibilidad de que sean los propios aficionados los que hagan sus propuestas para conciertos a los que asistirían.

Los barceloneses Oso, uno de los grupos que participa en el concierto de presentación de Bandeed.

Otro de los elementos novedosos es la opción de registrarse en la plataforma con diferentes perfiles: fan, grupo o sala. Cada una de ellas dispone de servicios diversos y la intención de Bandeed es ampliar esta oferta creando los perfiles de mánager, prensa y empresa. Como todo proyecto en su estado inicial las posibilidades son enormes y está por ver, si tiene éxito, hacia dónde avanza.

De momento, este viernes 5 de octubre se celebrará – si se llega al aforo mínimo – el concierto de presentación de la plataforma en la Sala Salamandra de l’Hospitalet de Llobregat. Os invito a que visitéis la página web de la plataforma Bandeed y si podéis, a que asistáis al concierto inaugural para dar apoyo a esta interesante idea.

Panenka. El buen periodismo deportivo es posible

En los últimos tiempos hemos asistido al nacimiento y consolidación de un pseudoperiodismo deportivo de trinchera. Los forofos han obtenido acceso a los principales medios, y un nuevo género, la tertulia de opinión se ha convertido en hegemónico. Este tipo de periodismo, basado en el griterío y la falta de argumentos ha alejado a muchos aficionados de la prensa deportiva. Los periódicos, las radios y las televisiones – con honrosas excepciones – no tratan de informar ni de buscar la objetividad.

Como pasa con la información política, en que cada medio defiende una línea editorial a capa y espada, llegando en ocasiones a la mentira burda y la manipulación; en el ámbito deportivo existen dos bandos claramente diferenciados: medios que apoyan al Real Madrid y medios que apoyan al Fútbol Club Barcelona. Este es un fenómeno que no existe en los países de nuestro entorno, donde los medios de comunicación deportivos dan información general al aficionado interesado en el deporte, y no información para los hinchas de un único club. Todos sabemos qué esperar si leemos el As, el Marca, el Sport o el Mundo Deportivo. Todos sabemos qué nos van a decir Roncero, Carazo, Miguel Serrano o Jordi Martí.

Tomás Roncero y José Luis Carazo, dos de los exponentes más conocidos del periodismo deportivo de trinchera.

Por suerte, no todo el periodismo deportivo español padece la enfermedad del forofismo. Grandes plumas como Santiago Segurola, José Samano y la redacción de deportes de El País o Julio Maldonado “Maldini” han intentado alejarse del maniqueísmo dominante, y por ello han sido acusados en ocasiones de madridistas, antimadridistas, barcelonistas y antibarcelonistas, simultáneamente, por el lector forofo mayoritario. El intento de encontrar la objetividad, que no es lo mismo que la equidistancia, no ha sido comprendido por la gran masa de seguidores de uno y otro equipo.

Además de estos grandes nombres, periodistas de una nueva hornada están intentando hacer viable un periodismo deportivo alejado de los colores y las banderas de los clubes mayoritarios. El mejor ejemplo lo representa la colección de grandes talentos que participan en la revista Panenka. Gente como Áxel Torres, Aitor Lagunas, César Sánchez, Roger Xuriach o Toni Padilla con la colaboración de peridistas extranjeros como Joao Vaz, Sid Lowe o Jorge Názar crearon hace poco más de un año un producto fantástico, una revista que colmaba las aspiraciones de los lectores deseosos de leer buen periodismo sobre el deporte rey.

Portada del primer número de la revista, con el gran Antonin Panenka.

El manifiesto de la revista (http://www.panenka.org/manifiesto) detalla sus principios fundacionales, entre los que destacan dos ideas que rompen con el resto de la prensa deportiva patria: la actualidad y los resultados no son importantes; y el fútbol es visto como una parte importante de nuestra cultura, y por tanto, las vertientes social e histórica del balompié son fundamentales. El principal objetivo de sus creadores no es hacerse millonarios, ya que la audiencia de una publicación como esta es bastante limitada. Simplemente intentan – y en mi opinión, consiguen – dignificar su profesión y contar historias que en un periódico de masas no tendrían cabida.

El nombre de la revista ya muestra su intención. Antonin Panenka, jugador checoslovaco de los años 70, es mundialmente conocido por tirar un penalti de manera revolucionaria: picado, muy suave, por el centro de la portería. Aquel penalti supuso la victoria de su selección en la Eurocopa de Yugoslavia de 1976, frente a la poderosa Alemania Occidental que venía de ganar un Mundial y una Eurocopa consecutivamente. La mayoría de la gente no conoce este dato (fue el penalti ganador), pero en cambio todo niño que ha jugado a fútbol ha intentado tirar un penalti de esta extravagante manera. Panenka fue un inventor, fue alguien que se alejó de la tradición y que tuvo éxito; y esta es la metáfora de la revista: fomenta un nuevo tipo de periodismo, inventa, pero no pierde la efectividad.

El que quiera leer sobre fútbol, el que quiera conocer historias curiosas, el que quiera descubrir grandes futbolistas semidesconocidos, el que quiera viajar al fútbol de lugares exóticos o el que quiera entrevistas alejadas de los tópicos debe leer Panenka. A quien le interese la parte social del fútbol, a aquellos que busquen buena literatura sobre el deporte, quien quiera encontrar el fútbol que se encuentra más allá del terreno de juego le hace falta Panenka.

Panenka, el fúbol que se lee.

Friday Night Lights, retrato de la América profunda

Una pequeña ciudad imaginaria en en el centro de Texas. Un instituto que gira en torno a su equipo de fútbol americano. Un grupo variopinto de personajes. Estos son los ingredientes con los que cuenta Friday Night Lights, serie de ficción emitida por NBC DirecTV entre 2006 y 2011, para mostrarnos la vida del norteamericano medio de la franja central del país.

La acción se sitúa en Dillon, en el corazón de Texas. El fútbol americano es el centro de la vida de la ciudad: los chicos quieren jugar y ser las estrellas, las chicas quieren ser animadoras para formar parte del equipo, los padres y madres desean que sus hijos lleguen a la universidad a través del fútbol, los empresarios quieren victorias para que el consumo aumente y así hasta el último habitante de Dillon.

Los principales personajes de la serie.

Puede parecer un tema muy banal, que ha sido continuamente revisitado en el cine y en otras series de televisión; pero Friday Night Lights va mucho más allá del deporte escolar. A través del fútbol americano, la serie nos presenta un gran número de temas importantes en la sociedad americana y en la de cualquier país desarrollado. El racismo, la integración de los minusválidos, el papel de la religión, el precio del éxito y de la fama, el alcoholismo, el dopaje, la reinserción de los presos, los embarazos no deseados y el aborto son algunos de estos elementos en los que la serie se detiene.

El localismo de la serie es muy marcado: Texas, el gran estado que a nuestros ojos europeos representa lo peor de los Estados Unidos. Pero al mismo tiempo, Friday Night Lights es un retrato aplicable a cualquier sociedad occidental. En nuestro caso, si cambiamos el fútbol americano por el fútbol, nuestra sociedad no está tan alejada de la de Dillon. Muchos de los debates que tienen lugar en la serie, también se producen en nuestra sociedad. Los privilegios de los que gozan los chicos de 15 o 16 años de Dillon son disfrutados a una escala mucho mayor por nuestros mejores deportistas.

Cuando un juego se convierte en un gran negocio se pierde la inocencia. A lo largo de las cinco temporadas de la serie, vemos continuamente este proceso. Desde la primera temporada, podemos apreciar claramente la presión que soportan los mejores jugadores. Presión por parte de los entrenadores, de los compañeros de equipo, de las familias, del resto de habitantes de la ciudad, de los agentes de las universidades, de los medios de comunicación…todo el mundo quiere el éxito, en muchas ocasiones sin valorar lo que cuesta.

Brian “Smash” Williams, Tim Riggins y Matt Saracen, tres de los líderes de los Panthers.

El sistema deportivo norteamericano, muy diferente al nuestro, se basa en el difícil camino que lleva del instituto a la universidad y de la universidad a las ligas profesionales. El acceso de un nivel al siguiente es extremadamente complicado, de manera que la mayoría de los deportistas fracasan. El éxito deportivo es fundamental para muchas universidades, que invierten enormes cantidades de dinero en sus programas. En muchas de ellas, las becas son mucho más altas para los deportistas que para los buenos estudiantes. Muchos chicos y chicas norteamericanos centran todos sus esfuerzos en el deporte, ya que es su única vía de acceso a la educación superior. El elevado precio de los estudios universitarios, provoca que muchas familias traten por todos los medios de sus hijos e hijas sean los mejores en sus respectivos deportes para poder conseguir una beca, con todos los inconvenientes que esto genera.

La religión es otro de los ejes de la serie. En ella aparecen diversas iglesias cristianas, algunas con ritos y liturgias totalmente diferentes entre sí, pero todas con un componente muy marcado: su omnipresencia. Rezar antes de cada partido o para bendecir la mesa son una constante. Las apelaciones a Dios para que el equipo consiga vencer están presentes en todos los estadios. El tradicionalismo de buena parte de los tejanos es la causa de la aparición de controversias: el aborto o el matrimonio tienen un papel destacado, llegando incluso a decidir aspectos de la vida laboral de algunos personajes.

Jason Street, el quarterback estrella.

En la primera temporada destaca la figura de Jason Street. Era la figura del equipo, pero un choque accidental en un partido cambia totalmente su vida. Los planes y los sueños se ven obligados a cambiar: ir a jugar a una de las mejores universidades del país y llegar a la NFL, se convierten ahora en una utopía irrealizable. Su lucha por encontrar un nuevo camino es muy emotiva e invita a reflexionar sobre la trascendencia. Como a muchos deportistas a lo largo de la historia, una lesión lo aleja de los terrenos de juego; pero esto no acaba con su vida. Jason encuentra su nuevo camino y nos muestra otra cara del deporte, la del deporte paralímpico.

La serie da un gran giro en la cuarta temporada. El entrenador Taylor – uno de los protagonistas – se enfrenta a nuevos retos. La temática social gana fuerza, puesto que los jugadores viven situaciones muy difíciles: familias desestructuradas, delincuencia y la precariedad del instituto hacen que Taylor tenga que relativizar la importancia del fútbol, aunque el mismo tiempo, el deporte sirve para canalizar la energía de los chicos y evitar que se metan en nuevos problemas.

En definitiva, Friday Night Lights es una gran serie. Nos enseña muchas caras de la vida, desde las más alegres y emotivas hasta las más tristes y duras. La evolución de la trama y de los personajes está muy conseguida, y se hace cada vez más interesante. El fútbol es una metáfora de las dificultades que encontramos continuamente  en nuestras vidas, y en Dillon ambas realidades se unen para crear un gran relato de ficción, y al mismo tiempo, un gran retrato de la América profunda.

El lema de los Panthers.

Las personas matan, las armas no

Un reportaje de Jon Sistiaga sobre la américa profunda: armas, banderas sudistas, radicales cristianos y el ku klux klan. La locura del ser humano.

Imprescindibles: Cuadernos ucranianos, de Igort

Ucrania es un país bastante desconocido en España y en el resto de Europa Occidental. Siempre a la sombra de su gran vecino ruso, y durante casi 70 años incluida en la URSS como una de las repúblicas socialistas que formaban la Unión, Ucrania es una república independiente desde 1991. Los ucranianos han sufrido mucho a lo largo del siglo XX: guerra civil rusa, la gran hambruna de 1932-1933, la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial o el accidente nuclear de Chérnobil son algunos de los momentos más destacados de su historia reciente.

El autor italiano Igort nos traslada a este conflictivo periodo de la historia ucraniana, muy alejada de la grandeza de la época medieval. Se instaló durante prácticamente dos años en el país, y se dedicó a entrevistar a sus habitantes para construir un relato escalofriante. La estructura de la novela consta de una pequeña introducción, los relatos de 4 víctimas de la historia ucraniana y un emotivo y reivindicativo epílogo.

Portada del álbum, editado por Sins Entido.

La edición es una preciosidad: combina viñetas a color con aspecto de bocetos, sin definir del todo, con grandes dibujos en blanco y negro o en sepia que ocupan la mayor parte de las páginas. El conjunto es fantástico, puesto que transmite la crueldad y la dureza del relato; y al mismo tiempo es una muestra de la búsqueda de la perfección artística y estética.

El dibujo transmite perfectamente la brutalidad de los episodios narrados.

En una entrevista concedida por el autor en el Salón del Cómic de Barcelona en 2011 (http://www.entrecomics.com/?p=63242) a Entrecomics, Igort afirma que lo más difícil era ser fiel a las historias que los supervivientes de los desastres históricos le narraban. Le daba miedo no estar a la altura y transmitir los relatos sin hacerles justicia. En mi opinión, el historietista italiano ha tenido éxito en esta labor. La lectura de Cuadernos ucranianos es dura, produce un gran impacto y no solo por el fondo de lo narrado, también por la forma en que Igort lo traduce al lenguaje del cómic.

Los protagonistas de la novela gráfica son:

  • Serafina Andréyevna: explica sus recuerdos de la gran hambruna de 1932 y 1933, durante la cual el canibalismo se extendió como forma de supervivencia; y posteriormente los problemas causados por la catástrofe de Chernóbil.
  • Nicolái Vasílievich: sus recuerdos abarcan desde los difíciles años 30 hasta la caída del comunismo, pasando por la brutalidad de la ocupación nazi o las penosas condiciones laborales impuestas por la industrialización forzada.
  • María Ivánovna: narra las duras vivencias de una mujer del campo ucraniano que sufrió la deskulakización (intento de eliminar a los pequeños propietarios rurales) y las dificultades para criar a una hija prácticamente en solitario.
  • Nicolái Ivánovich: relata con nostalgia cómo se vivía bajo el comunismo y, en contraste, los problemas de la Ucrania rural actual.

Las historias de los protagonistas son narradas en viñetas.E

Entre los recuerdos de los protagonistas, Igort lleva a cabo un trabajo fabuloso con la recopilación de documentos y de datos concretos que confirman las historias personales de estos supervivientes. Los archivos soviéticos o artículos de prensa de la época son sus fuentes, que muestran la hipocresía y, en ocasiones, el cinismo de los responsables de decisiones que afectaron a millones de personas.

Se calcula que durante los años de la gran hambruna murieron aproximadamente 5 millones de ucranianos, la mayoría de ellos como consecuencia directa de la decisión de Stalin de castigar al pueblo ucraniano por su rebeldía ante los dictados de Moscú. Las consecuencias de Chérnobil aún están presentes más de 25 años después del accidente, y a pesar de que las autoridades soviéticas y posteriormente ucranianas, tratan de ocultar la magnitud del desastre.

En definitiva, Cuadernos ucranianos [memorias de los tiempos de la URSS] es una obra imprescindible para conocer y comprender la historia de una parte de Europa protagonista de la historia del continente durante 70 años y que ahora está prácticamente en el olvido. Imprescindible también para disfrutar del gran trabajo de Igort, que ha creado un álbum maravilloso, en el que nos enseña su versatilidad y su calidad artística. Una obra histórica, una obra de arte.