Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 4)

La visión de los historiadores

Esta parte del análisis consiste en comparar la valoración que dos historiadores realizan sobre la Sudáfrica post-apartheid. He utilizado las obras homónimas Historia de Sudáfrica, por un lado la de R.W. Johnson, editado por Debate en el año 2005; y por el otro la de Robert Ross, editada por Akal en el año 2006. El espacio temporal que analizan ambos es el mismo, desde la etapa prehistórica hasta la actualidad. Son obras generales de divulgación que tratan de acercar a un lector medio la historia de este país, dándole especial relevancia a la etapa contemporánea. La idea de comparar ambos libros surgió después de la primera lectura del libro de Johnson, ya que su lectura de la situación actual de Sudáfrica está muy alejada de la idea preconcebida que yo tenía. Posteriormente, tras leer la obra de Ross, creí interesante comparar ambas visiones y tratar de extraer unas conclusiones lo más neutrales y objetivas posibles.

El libro de Johnson da una visión muy negativa de la Sudáfrica actual, y es especialmente crítico con el gobierno del CNA. Comparte algunos argumentos con la DA, como el fracaso de las políticas educativas, la existencia de una elevada criminalidad o las elevadas tasas de desempleo. Además Johnson hace hincapié en otros elementos negativos de la nueva Sudáfrica como los problemas en la sanidad sobretodo por la gran epidemia de SIDA – o la fuga de cerebros que supone la emigración masiva de sudafricanos preparados.

La epidemia de SIDA, uno de los principales problemas de Sudáfrica.

Por encima de todos estos elementos, Johnson critica ferozmente al CNA y su modo de gobernar. Johnson califica las políticas de discriminación positiva como ingeniería social y la compara con la llevada a cabo durante el apartheid (pág. 370). Johnson afirma que en muchos ámbitos los blancos están discriminados, ya que el CNA se ha propuesto conseguir que todas las administraciones públicas sean racialmente representativas de la composición étnica de Sudáfrica. También critica la nueva corrección política que se ha instalado en el país, que convierte, según él, a cualquier crítico con el CNA en racista o en culpable de racismo subliminal (pág. 376).

El texto de Johnson es una continua crítica destructiva de todas las actuaciones del CNA desde que asumió el poder. El único elemento que R.W. Johnson salva de la quema es Nelson Mandela, aunque en algún pasaje (pág. 379) lo tilda de marioneta de Mbeki. La epidemia del SIDA y la desastrosa gestión que de ella hizo el CNA en sus primeros años, son también utilizadas por Johnson para criticar al gobierno. Johnson llega a decir que las actuaciones del CNA respecto a los enfermos de SIDA sudafricanos supera la crueldad de Verwoerd y la antigua élite nat (pág. 392).

Por último, me gustaría remarcar que Johnson compara continuamente al gobierno del CNA con el gobierno del National Party durante el periodo del apartheid:

  • Refiriéndose a la victoria del CNA en las elecciones de 1999, Johnson afirma: En muchos aspectos la victoria del CNA se pareció a la victoria del NP en 1958. (pág. 396)
  • Comparando, en el epílogo, los nacionalismos afrikáner y africano, Johnson asegura: Al principio los nacionalismos afrikáner y africano parecían muy diferentes. El CNA fue el primer gobierno de Sudáfrica que prometió construir una nación común, y esta promesa fue recibida con un entusiasmo y una gratitud enorme por todas las capas de la sociedad. Pero ahora, al cabo de una década, está claro que los dos nacionalismos tienen mucho en común, en particular cuando están en el poder. Ambos han adulado para engañar. Ambos han atraído seguidores basándose en el sufrimiento y el agravio históricos, y ambos han intentado simultáneamente crear una sensación de victimismo y un sentimiento de superioridad entre sus partidarios. Esta promesa de una nación común no se ha materializado (pág.400).

La visión que muestra Robert Ross es prácticamente opuesta a la de R.W. Johnson. Ross describe una Sudáfrica con problemas, pero al mismo tiempo reconoce los avances que se están llevando a cabo. Su análisis no es tan catastrófico, aunque también enumera las problemáticas que aparecen en el texto de Johnson. Es una visión más matizada y no tan destructiva. Además Ross asegura que la consolidación de la democracia sudafricana ha hecho que aumente la visibilidad de los problemas (pág. 210).

Los tres presidentes de la Sudáfrica democrática. Jacob Zuma, Nelson Mandela y Thabo Mbeki

El libro de Ross valora de manera positiva la actuación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación; y su opinión sobre el presidente Mbeki también es favorable. Ross recoge en su obra los logros del gobierno, y no se centra solamente en los aspectos negativos. Valora por encima de todo que la nueva Sudáfrica es un estado democrático, y por tanto, por muchas dificultades que atraviese siempre será mejor que el régimen anterior. Además trata temas en los que la labor de los gobiernos del CNA ha sido muy favorable para los sudafricanos más desfavorecidos. La mayoría de sudafricanos tiene acceso a agua y corriente y electricidad, y las políticas de vivienda también han ayudado a paliar la situación de las capas sociales más bajas (pág. 214).

En referencia a aspectos más espinosos, como la corrupción o la epidemia de SIDA, Ross expresa opiniones más moderadas y no trata de responsabilizar únicamente al gobierno. En cuanto a la corrupción, Robert Ross explica que se da especialmente en el nivel de la administración local, y por tanto no es un problema exclusivo del CNA. Sobre la epidemia de SIDA, Ross vincula el problema con la pauta sexual tradicional de la región, y aunque critica la actuación del CNA y especialmente de Tabo Mbeki, trata de explicar las motivaciones de su actuación.

A diferencia de Johnson, Ross asegura que las desigualdades raciales se han reducido, aunque la desigualdad social sigue siendo elevada. Reconoce que la pobreza no se ha reducido, pero valora el surgimiento de una incipiente clase media negra. Su discurso es más matizado que el de R.W. Johnson, y no cae en el maniqueísmo que sitúa al CNA como principal obstáculo para el desarrollo del país.

Pasará mucho tiempo antes de que desaparezcan las desigualdades del pasado, si es que eso llega a suceder algún día. En cualquier caso, los beneficios del nuevo orden van alcanzando muy lentamente a quiénes más los necesitan, y esa lentitud provoca una considerable frustración. Pero aunque la lluvia siga teñida con los colores del pasado, al menos sigue cayendo, y eso es lo que les importa a la mayoría de los sudafricanos. (pág. 218)

Conclusiones

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica ha sido la comisión de la verdad con más atribuciones y con más recursos de la historia. Su tratamiento individualizado de la amnistía ha servido como ejemplo a muchos otros casos; su énfasis en la verdad y en el intento de reconciliar al pueblo sudafricano ha sido alabado en todo el mundo. A pesar de estos aspectos enormemente positivos, la CVR tenido que cargar con el gran peso que supone la transición política de un régimen autoritario y violento a una democracia multirracial.

La CVR ha sido un elemento muy positivo. Teniendo en cuenta la situación de Sudáfrica en 1994, en que una guerra civil parecía posible, la actuación de la Comisión ha servido para dar paso a un régimen democrático con bastante legitimación. El objetivo primario, evitar un conflicto generalizado ha sido evitado.

En mi opinión, y recalcando que ésta ha sido la mejor comisión de la verdad hasta el momento, creo que no ha servido para resolver el principal problema de la actual Sudáfrica: la desigualdad social heredada del Apartheid. El sistema social impuesto por el régimen del National Party perpetuó las desigualdades privando de oportunidades a toda la población no-blanca. La auténtica reconciliación, la auténtica justicia social hubiera consistido en solucionar esta desigualdad.

La pobreza y las enormes desigualdades sociales están muy presentes en el país.

El caso sudafricano me recuerda en algunos aspectos al caso español. En el contexto en que tuvieron lugar ambas transiciones, seguramente no se pudo hacer más, pero este hecho no elimina la injusticia del proceso. Richard A. Wilson dice que la transición política hacia la democracia depende en gran medida de la fuerza de la oposición política, y creo que es totalmente cierto. En una situación de equilibrio de poderes entre gobierno y oposición, la única solución es hacer concesiones.

En el caso sudafricano, creo que es una evidencia que la minoría blanca renunció al poder político a cambio de conservar el poder económico. La sociedad sudafricana blanca tiene unos niveles de riqueza similares a los de los países más desarrollados de occidente, mientras que gran parte de los negros sudafricanos viven en unas condiciones similares a las de los países desfavorecidos del África subsahariana.

Por tanto, creo que la situación de Sudáfrica aunque no es la idónea es mejor que la de la Sudáfrica del National Party. El simple y trascendente hecho de acabar con un régimen como el apartheid supone por sí solo un gran avance. Independientemente de los logros o fracasos de los sucesivos gobiernos del CNA, mi opinión es que Sudáfrica está en la actualidad en una situación mucho mejor que la precedente.

Analizando las posturas defendidas tanto por los partidos políticos como por los libros de los dos historiadores observados, se hace evidente que la Sudáfrica del 2010 tiene muchos problemas. Circunstancias heredadas del pasado y nuevos factores como la epidemia de SIDA hacen de la sociedad sudafricana una realidad muy compleja. Su situación no es comparable con la de otros países que hayan llevado a cabo una transición hacia la democracia en los últimos años. El sistema del Apartheid fue único y tuvo unas características tan particulares, que sus efectos aún hoy en día son incomparables con las consecuencias de otras dictaduras.

Respondiendo directamente a la pregunta que da inicio a este breve y modesto análisis, la Sudáfrica actual está en un momento muy importante en su historia. El régimen democrático está consolidado, los conflictos generados de manera directa por el régimen del NP se están superando poco a poco; pero al mismo tiempo las desigualdades sociales que este régimen provocó están presentes en la Sudáfrica actual.

La minoría blanca renunció al poder político a cambio de mantener el poder económico, y este hecho impidió llevar a cabo una redistribución de la riqueza acorde con lo que la mayoría de población negra sudafricana reclamaba. Como dice Robert Ross, el incumplimiento de gran parte de estas enormes expectativas generó una profunda frustración, que es fácilmente visible en la sociedad sudafricana actual.

Para concluir, me gustaría destacar que si la celebración del mundial en 1995 fue simbólica por la unión del país en torno a la nueva bandera de la Sudáfrica democrática, la celebración del mundial de fútbol en este año 2010 significó un punto de inflexión. El mundo entero fijó sus ojos en el país, que respondió de manera brillante a lo que se le pedía. El aumento del turismo o la mejora de las infraestructuras son efectos directos de este acontecimiento. El reto que tiene ante sí el gobierno del CNA es conseguir que las capas sociales más desfavorecidas del país se beneficien de este importante evento.

Nelson Mandela en la inauguración del Mundial de Fútbol de 2010

La nación del arco iris, consciente de sus enormes problemas, debe seguir luchando para conseguir un futuro mejor para todos sus ciudadanos. El camino es largo, pero desde 1994 se han dado muchos pasos en la dirección correcta.

Anuncis

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 3)

El balance de las fuerzas políticas sudafricanas

Las opiniones que muestran los dos grandes partidos políticos sobre el periodo posterior a la transición democrática y sobre la situación actual son contrapuestas. El Congreso Nacional Africano centra sus explicaciones en la dificultad del proceso y en los éxitos conseguidos; mientras que la Democratic Alliance basa su discurso en la crítica de los insuficientes avances y en la corrupción gubernamental. Para contrastar estas dos visiones sobre la realidad sudafricana me he basado en dos textos: por un la lado el documento Towards a Ten Year Review, editado por el departamento de presidencia; y por el otro, el documento Truth and Denial Document, redactado por la DA. Ambos son textos extensos y complejos, especialmente el documento gubernamental, por tanto, trataré de resumir sucintamente las ideas principales y su balance del periodo.

La visión que muestra el CNA sobre la actual Sudáfrica es positiva. El énfasis recae en los los logros del periodo y en la dificultad que ha supuesto superar las injusticias provocadas por el régimen anterior. El CNA se muestra satisfecho con los logros conseguidos pero es consciente que aún queda mucho para superar algunas de las problemáticas más graves. Lo más destacado por el partido del gobierno son los éxitos logrados en determinados campos: avances sociales, políticas de discriminación positiva, reducción de la pobreza y estabilidad democrática.

Simpatizantes del CNA en Johannesburgo dando su apoyo al presidente Jacob Zuma.

Estos cuatro frentes son altamente positivos, y el CNA valora especialmente el periodo de consolidación democrática que Sudáfrica ha vivido en los últimos años. La democracia sudafricana es fuerte, y el pueblo sudafricano pone su confianza en el CNA para solventar sus dificultades y llevar a Sudáfrica al siguiente nivel de desarrollo social y económico. Pese a esta visión, en general, positiva y optimista, el CNA también reconoce que aún no se ha hecho suficiente en algunos ámbitos. Los índices de pobreza se han reducido, pero aún son elevados. La igualdad racial es teórica, pero queda un amplio margen de mejora para que la sociedad sudafricana sea una sociedad más igualitaria y justa.

Dentro del propio CNA existen corrientes críticas que analizan la situación sudafricana desde otras perspectivas. El caso más destacado es la postura de la Youth League – las juventudes del CNA – que afirma que aún existe racismo en Sudáfrica y que este afecta sobretodo a la juventud negra, que dispone de menos oportunidades que los jóvenes de otros grupos étnicos. La Youth League centra su discurso, radical en ocasiones, en la denuncia de las desigualdades que aún existen en la sociedad sudafricana y por ello exigen una mayor fuerza de las políticas de discriminación positiva.

Las juventudes del partido gubernamental se muestran críticas y exigen reformas más rápidas.

En conclusión, la visión sobre los quince años posteriores a las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica del CNA es positiva, pero también consciente de los obstáculos que el país tiene que superar. Incluso dentro del movimiento gubernamental existen opiniones más críticas que reclaman un mayor esfuerzo y una mayor actividad redistributiva para conseguir hacer frente a las dificultades de forma más rápida y eficaz.

Con respecto al discurso de la DA sobre este periodo, el documento Truth and Denial trata de reflejar la imagen real de Sudáfrica, muy alejada, según la DA, de la idílica visión del CNA. Este texto compara diferentes estudios internacionales con el discurso gubernamental. Un gran número de aspectos son analizados en estos estudios, y la realidad que muestran es muy diferente de la realidad presentada por el CNA.

Algunos de los estudios que utiliza la DA para demostrar la veracidad de su postura son:

  • Índice de Desarrollo Humano: Sudáfrica desciende 27 puestos de 2001 a 2006.
  • International Maths and Science Study (Educación): descenso de 11 puestos de 1999 a 2003.
  • Global Competitiveness Index (Competitividad económica): descenso de 5 puestos de 2006 a 2007.
  • Economic Freedom Network (Índice de libertad económica): descenso del puesto 47 en el año 2000 al puesto 59 en año 2006, de un total de 130 estados.
  • Transparency International Global Corruption Barometer (Percepción de corrupción en las sociedades): aumento de 2004 a 2005 y descenso de 2005 a 2006. Es destacable la percepción de corrupción en la policía.
  • Global Peace Index: Sudáfrica situada en el puesto 99 de 121. Compara el nivel de criminalidad de Sudáfrica con países como China, India o Rusia.

La Democratic Alliance, el principal partido de la oposición.

A partir de estos datos, la DA llega a la conclusión de que la descripción que presenta el CNA está muy alejada de la realidad del país. La DA pone el énfasis en las dificultades y en los fracasos de estos quince años. Según el partido en la oposición en Sudáfrica la desigualdad está aumentando, la criminalidad cada vez es más elevada, la pobreza está más extendida y los niveles educativos están descendiendo a niveles muy precarios.

Esta breve comparación entre las visiones sobre Sudáfrica de las dos grandes fuerzas políticas muestran dos realidades prácticamente contrapuestas. La posición que ocupan en el sistema político del país, el CNA en el gobierno y la DA en la oposición, influye decisivamente en sus respectivos análisis. El gobierno destaca únicamente los aspectos positivos y los efectos beneficiosos de sus políticas, mientras que la oposición se centra solamente en los elementos negativos y en los fracasos gubernamentales. A causa de este evidente sesgo en sus opiniones, la respuesta a la pregunta inicial del – ¿cuál es la situación de Sudáfrica después de más de 15 años de democracia? – no puede ser hallada basándome en estas opiniones. Por este motivo, a continuación analizaré la visión de dos historiadores, teóricamente neutrales.

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 2)

(viene de la Parte 1)

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación

El principal problema para los nuevos gobiernos que se establecen en los estados que emergen de un conflicto prolongado es el de la justicia. Se encuentran con tres límites que son previos a la creación del propio gobierno. El primero es el carácter histórico de la legalidad establecida por el régimen autoritario, es decir, la justicia tiene manchada su reputación, la población no tiende a depositar su confianza en la justicia tras años de injusticia legal. El segundo es el equilibrio de poderes entre las partes, entre las fuerzas del régimen anterior y sus opositores; cuanto mayor sea el poder de las fuerzas opositoras democráticas mayor legitimidad podrá conseguir la justicia. Y el tercero es la necesidad de llegar a acuerdos concretos para acabar con el conflicto, esto es, las actuaciones de urgencia necesarias para desactivar el conflicto.

Los nuevos gobiernos tienen ante si una gran disyuntiva. Por un lado, la lógica política vinculada a la utilidad, y por el otro, la lógica ética asociada a la dinámica de la justicia. La utilidad política tiene como principal objetivo la reconciliación, a la que se puede llegar mediante comisiones de la verdad. En cambio, la lógica ética tiene como finalidad la venganza que se consigue mediante los procesos judiciales. Para Richard Wilson ambas líneas de actuación son complementarias, y lo ideal es su puesta en marcha conjunta.

Al final del periodo del apartheid – años 80 -, el enfrentamiento entre el gobierno del National Party y la oposición había llegado a un nivel en el cual sólo existían dos opciones: el enfrentamiento militar abierto –una guerra civil – o un arreglo político. Ninguno de los dos bandos podía vencer sobre el otro, y ante la fuerza de la oposición, el gobierno decidió tratar de contactar con el CNA para iniciar unas posibles negociaciones. La clave de la democratización es la potencia de la oposición política; cuanto más poderosa sea, más altas cotas de democracia y justicia se podrán conseguir.

La situación internacional había cambiado mucho tras el desplome de la Unión Soviética y con ella, del bloque comunista. Occidente ya no podía permanecer inactivo ante los hechos que estaban ocurriendo en Sudáfrica. Nelson Mandela se había convertido en un símbolo global, y la presión contra el gobierno y contra los sudafricanos blancos iba en aumento. La situación económica tampoco era favorable, y finalmente, el gobierno decidió legalizar a la oposición: CNA, Congreso Panafricanista (CPA) y Partido Comunista de Sudáfrica (SACP), además de liberar a Mandela.

Las negociaciones, aunque parezca mentira, no hicieron sino incrementar la violencia reinante en el país. El número de víctimas políticas del periodo 1990-1994 fue mucho más elevado que el de toda la década de los ochenta. Eran especialmente violentos los enfrentamientos entre militantes del CNA y los del Partido de Liberación Inkatha, espoleado, como se supo después, por el gobierno racista del NP. El propio gobierno decía que esta violencia era exclusivamente étnica, y que demostraba el inferior estado de desarrollo de la población negra.

Manifestación de miembros de Inkatha. La violencia estaba presente en el convulso proceso hacia la democracia.

Las negociaciones recibieron el nombre de CODESA (Convención para una Sudáfrica Democrática) y en ellas participaron todas las fuerzas políticas de Sudáfrica, aunque el papel principal lo jugaron el National Party y el Congreso Nacional Africano. El momento crítico fue junio de 1992, cuando las negociaciones llegaron a un punto muerto y se detuvieron. El CNA ganó el pulso al gobierno y mediante manifestaciones masivas consiguió que se reanudaran.

Los ataques del Inkatha contra feudos del CNA que acabaron con 48 víctimas mortales -la matanza de Boipateng- , cambió la postura del CNA, que como protesta contra la presunta implicación de las fuerzas de seguridad del Estado en los hechos, decidió retirarse de las negociaciones. La posterior campaña de protestas masivas lideradas por el CNA y con el apoyo del COSATU (Confederación de Sindicatos de Sudáfrica), dotó de nueva fuerza al partido de Nelson Mandela. La relación de poder había cambiado, a partir de este momento, el CNA iba a llevar la voz cantante en todo el proceso, como demostró el Documento del Entendimiento firmado por el presidente De Klerk y Mandela. NP y CNA dejaron de lado a los radicales y acercaron sus posturas. Además el NP se alejó definitivamente del Inkatha, que volvió a ocupar el papel secundario que le correspondía.

En noviembre de 1993 CNA y NP acordaron la celebración de elecciones plenamente democráticas en abril de 1994, y el establecimiento hasta esa fecha de un Gobierno de Unidad Nacional liderado por el CNA, pero con importantes ministerios para los pesos pesados del NP Botha y De Klerk. También se aprobó la nueva Constitución Transitoria, que debía tutelar el proceso hasta la formación de la nueva Asamblea Constituyente electa.

Nelson Mandela tras ser proclamado presidente de Sudáfrica.

Tras este relato de los hechos, a partir de ahora me centraré en los aspectos directamente relacionados con la transición política: la amnistía y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

  • La negociación de la amnistía:

Las negociaciones de Sudáfrica fueron unas de las más democráticas de la historia en una transición política. Muchas fuerzas tenían voz y voto, pero como sucede en la mayoría de casos, la justicia es uno de los temas más espinosos, en el que las fuerzas mayoritarias tratan de imponer su visión. En el caso sudafricano, las negociaciones sobre la justicia, centradas básicamente en la amnistía, se llevaron a cabo exclusivamente entre el CNA y el NP.

La Constitución transitoria contenía un apartado, denominado postámbulo, cuyo título era “Unidad Nacional y Reconciliación”. Las bases que establecía eran el entendimiento y la reparación, por contraposición a la venganza y la represalia. Este acto de buena voluntad acabó deparando una amnistía muy cercana a la impunidad. El lema de la CVR, Reconciliación mediante la verdad, y se acabó transformando en Reconciliación mediante la impunidad, ya que esta vía fue la que se utilizó en muchos casos. Las organizaciones cívicas no tuvieron margen de actuación suficiente, pero al menos consiguieron que la amnistía se integrara en la Comisión.

  • La CVR como umbral institucional:

Riachard A. Wilson (Director del Human Right Institute de la Universidad de Connecticut) define las comisiones de la verdad como mecanismo de creación de legitimidad para las nuevas instituciones, es decir, son un elemento de distanciamiento del régimen anterior. Sigue a Hannah Arendt, quien dijo en su Los orígenes del Totalitarismo que lo primero que hace un sistema totalitario es matar el impulso legal de los ciudadanos. Una comisión de la verdad trata de hacer renacer este impulso, es una respuesta a la falta de fe de la ciudadanía en los tribunales.

La reforma del sistema judicial es siempre, como se ha dicho antes, un gran problema para los nuevos gobiernos. La mayoría de funcionarios, incluso algunos de alto rango, siguen en sus puestos, hecho que resta credibilidad ante la población. En el caso de Sudáfrica, el Estado tenía muchas dificultades para demostrar la culpabilidad del régimen anterior en muchos sucesos, ya que la justicia estaba viciada por décadas de actuaciones antidemocráticas. El caso en que el anterior ministro Malan fue acusado de intervenir favoreciendo la actuación del Inkatha contra el CNA y su posterior puesta en libertad por falta de pruebas afectó muy negativamente a la percepción de la justicia de los sudafricanos negros.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación era una forma de afrontar los problemas que tenía ciertas ventajas. En palabras de Desmond Tutu, la CVR presentaba mejores perspectivas para el establecimiento de la verdad que los tribunales. Además, los tribunales no tenían la capacidad de actuar contra todos los crímenes cometidos durante los treinta y cuatro años que se establecieron como periodo de vigencia del apartheid. La CVR y la justicia ordinaria eran complementarios, aunque la debilidad de los tribunales hacía que algunos presuntos culpables prefirieran no acudir a la CVR.

El presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación: el arzobispo Desmond Tutu.

La CVR, y creo que este elemento es esencial, se constituyó como umbral. Era un elemento de mediación. No era una instancia jurídica ni política ni religiosa, pero reunía aspectos de las tres categorías. Era una institución creada como derecho público transitorio, que solo tenía la facultad de hacer recomendaciones al jefe del ejecutivo –el ya electo Nelson Mandela- sobre las reparaciones y las medidas institucionales, administrativas y legislativas para evitar violaciones de los derechos humanos.

Su carácter no exclusivamente jurídico la situaba más allá del ordenamiento legal sudafricano. Un ejemplo de esta situación era su capacidad de conceder la amnistía antes de que el acusado fuera condenado, con lo que podía conceder una especie de inmunidad política. En el caso concreto de la amnistía, la CVR actuaba como un tribunal que decidía entre otorgar la amnistía o denegar la inmunidad. Otro ejemplo de la peculiaridad de la comisión era el uso frecuente del testimonio como prueba legal, ya que el objetivo principal de la CVR era la verdad, la revelación total de los hechos.

La condición especial de la CVR también era visible por su posicionamiento intermedio entre los tres poderes del Estado. Era complementaria al sistema judicial, hacía recomendaciones al ejecutivo y presentaba informes ante el legislativo. De hecho, según Wilson, la CVR ponía los límites democráticos a los tres poderes. Era parte de la representación teatral que llevaba a cabo el nuevo estado para legitimarse frente a su antecesor. El potencial simbólico de la Comisión, derivado de su condición de entidad política, jurídica y, sobretodo, religiosa, es fundamental para comprender su alcance.

  • Los trabajos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

La CVR – presidida por el Arzobispo Anglicano Desmond Tutu –  estaba formada por diecisiete miembros. Se constituyó en tres comités: el de Violación de los Derechos Humanos, el de Reparaciones y Rehabilitación y el de Amnistía. El primero era el encargado de recibir las solicitudes de las víctimas, de tomar declaración a los testigos y de estudiar cada caso. Si la veracidad de un caso quedaba demostrada entraba en acción el segundo comité, cuya tarea consistía en valorar las medidas rehabilitadoras y las indemnizaciones adecuadas. El tercer comité, el de Amnistía, era independiente a los otros dos.

Algunas de las víctimas y testigos asistentes a las sesiones de la CVR.

La CVR recibió más de 21.000 declaraciones de víctimas. El gran número de actuaciones necesario para tratar de verificarlas generó una ingente labor de investigación externa a los cauces jurídicos ordinarios. Este factor permitió descubrir muchos hechos que hubieran quedado fuera del ámbito de acción de los tribunales. Ha sido, hasta la fecha, la comisión de la verdad con más atribuciones.

La actuación de la Comisión también tuvo que afrontar las limitaciones impuestas durante las negociaciones. La más grave fue que sólo serían consideradas como violaciones de los derechos humanos los actos que hubieran sobrepasado la propia legalidad del apartheid. Por tanto, las detenciones sin juicio, los traslados forzosos y un sinfín de violaciones de los derechos humanos no fueron considerados como tal. Es decir, se tenía que juzgar el pasado siguiendo sus propios criterios; la violencia ordinaria y cotidiana del apartheid quedaba impune.

Además, la CVR no contaba con los suficientes recursos para tratar de conseguir una verdadera justicia social. La redistribución económica necesaria para redireccionar los beneficios obtenidos gracias a la discriminación racial fue descartada. Pese a ello, la Comisión trató de hacer visible este hecho mediante grandes vistas de acontecimientos en que los grandes sectores sociales beneficiados por el anterior régimen –empresarios, jueces, iglesias, sector sanitario y medios de comunicación- declaraban ante la Comisión. Estas vistas trataban de hacer pública la colaboración de estos sectores con el régimen, o cuanto menos, su complacencia.

La CVR contaba con unos recursos muy escasos, además sólo tenía la capacidad de hacer recomendaciones ante otras instancias para promover la concesión de indemnizaciones. Este factor era conocido por las víctimas, sabían que su declaración en el mejor de los casos supondría una pequeña compensación. Muchas víctimas tan solo reclamaban el pago de una lápida como indemnización. Las que recibían mayores ayudas conseguían 3.500 $ anuales durante seis años. La Comisión no contemplaba medidas concretas para conseguir la reconciliación de la sociedad sudafricana, a pesar de que existían organizaciones que las proponían.

  • Amnistía:

La singularidad de la Comisión de la Verdad sudafricana es la vinculación de la amnistía con la propia comisión. En la mayoría de casos, la amnistía es un proceso judicial totalmente independiente. La CVR recibió más de 7.000 solicitudes de amnistía. Richard A. Wilson comenta que en el momento de escribir su artículo ha sido concedida a 170 personas, mientras que ha sido denegada a aproximadamente 1.500.

Los requisitos para solicitar la amnistía eran bastante claros. El delito por el que se pedía debía de haberse cometido en el periodo que va del 1 de marzo de 1960 hasta el 10 de mayo de 1994. Tenía que ser un delito de carácter político, que no estuviera motivado por el beneficio propio, el rencor o el despecho. Además, el solicitante debía relatar a la Comisión todo lo que supiera sobre el crimen, incluyendo la cadena de mando que lo había ordenado. Un aspecto llamativo era que no se pedía el remordimiento, hecho que no gustó a las víctimas, ya que en ocasiones vieron como eran amnistiados personajes que justificaban sus actos, e incluso algunos de ellos estaban orgullosos de lo que habían hecho. Cualquier proceso legal contra los acusados quedaba temporalmente suspendido mientras el comité de Amnistía de la CVR llevaba a cabo sus investigaciones.

Viñeta del dibujante sudafricano Zapiro que retrata la dificultad de conseguir la reconciliación en el seno de la sociedad sudafricana.

El principal inconveniente de la amnistía sudafricana es que las expectativas de las víctimas no se cumplieron, por varios motivos. La amnistía tenía carácter inmediato, mientras que las compensaciones para las víctimas llegaban tras largos periodos de espera. Además el hecho de no exigir el arrepentimiento de los culpables amnistiados fue difícil de llevar para los afectados. Entre las víctimas, la sensación de la impunidad oficial estaba muy presente.

Pese a esto, Richard A. Wilson considera que el proceso de amnistía que tuvo lugar en Sudáfrica ha sido mejor que el llevado a cabo en el resto de países en los que han tenido lugar procesos similares. Es muy importante que la amnistía no fuera general, sino individualizada. Además, la exigencia de revelaciones facilitó información que benefició a posteriores investigaciones.

  • El informe de la Comisión:

Las comisiones de la verdad son un mecanismo de creación de legitimidad para los nuevos estados que surgen de un proceso de transición. Pese a ello, hasta el momento no está demasiado claro si consiguen su objetivo. La impunidad de los anteriores dirigentes es siempre un grave inconveniente. Para solucionar este problema, la mejor opción es la publicación de nombres.

Los miembros de la CVR escuchando testimonios de víctimas del apartheid.

El informe de la CVR está formado por cinco volúmenes que suman en total 3.500 páginas. Se incluyen aproximadamente cuatrocientos nombres de implicados en violaciones de los derechos humanos, hecho deseable para todas las comisiones de la verdad, pero aún novedoso.

El informe trata de ser una especie de texto fundacional, trata de crear una nueva historia oficial de Sudáfrica. El Apartheid es definido como crimen contra la humanidad, para tratar de restar crédito a algunas teorías revisionistas que afirman que era un sistema de desarrollo separado con buena voluntad, aunque al final acabó desviándose. El informe cita las declaraciones de las víctimas, con el objetivo de que ellas también formen parte de la Historia de Sudáfrica. Otro elemento destacado es que el informe de la Comisión tiene validez jurídica y puede utilizarse para iniciar otros procesos, a diferencia de la mayoría de comisiones de la verdad.

El expresidente Frederik De Klerk.

Pese a la evidente buena intención, el informe tiene ciertas lagunas, ya que en los campos en que nadie solicitó la amnistía falta información. Por ejemplo, el expresidente De Klerk consiguió que se eliminara una página del informe en que se le vinculaba con los crímenes del Inkatha.

Pese a las reclamaciones de ciertos sectores del National Party y de la extrema derecha blanca de una amnistía general, una especie de ley de punto final, ésta no fue considerada por los líderes del CNA. A pesar de ello, Desmond Tutu hizo una propuesta según la cual los juicios por crímenes políticos no debían alargarse por un periodo superior a seis años, proponiendo, de esta manera una especie de prescripción de los delitos.

Bibliografía:

Artículo basado en el análisis de “Justicia y legitimidad en la transición sudafricana” de Richard A. Wilson, director del Human Rights Institute de la Universidad de Connecticut, que ha estudiado entre otras la transición de Guatemala y la de Sudáfrica. Está incluido en:

AGUILAR, P. et.al. Las políticas hacia el pasado. Juicios, depuraciones, perdón y olvido en las nuevas democracias. Ed. Istmo, Madrid, 2002.

Para ver el informe completo de la CVR: http://www.justice.gov.za/trc/

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 1)

Tras más de cuarenta años de gobierno del National Party sudafricano, en 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas de la historia de Sudáfrica. Por primera vez en casi un siglo de historia de Sudáfrica como estado independiente todos los ciudadanos estaban llamados a participar en el proceso político. Negros, blancos, mulatos (coloureds) e indios podían ejercer su derecho a voto en igualdad de condiciones. Tras la infamia del régimen de Apartheid – la segregación racial legalizada – Sudáfrica dejaba de ser un Estado paria y el mundo ponía sus ojos allí a causa de un hecho positivo.

Nelson Mandela votando en las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica.

Tras la euforia inicial, tras convertirse en ejemplo para el resto del mundo y ser designada como la nación del arco iris (rainbow nation), Sudáfrica despertó de este breve sueño y tuvo que afrontar numerosos problemas. La existencia de un régimen político abominable a lo largo de cuatro décadas dejó al país una herencia muy difícil de asumir. Una sociedad violenta, injusta y desigual debía decidir su futuro y enfrentarse a problemáticas muy diversas: desde la erradicación de la pobreza o el analfabetismo hasta la lucha contra la epidemia del SIDA.

El liderazgo de Nelson Mandela daba esperanzas a un pueblo que había sufrido mucho durante mucho tiempo. La carismática figura de Madiba aglutinó a un país que trataba de salir de un periodo oscuro. La transición política hacia un estado democrático fue uno de los grandes retos que Sudáfrica consiguió superar. Que este proceso fuera llevado a cabo de forma pacífica, evitando un conflicto bélico a gran escala, es visto aún hoy en día como algo cercano a lo milagroso.

Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica racista, junto a Mandela. Ambos consiguieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En el año 2010, Sudáfrica fue el centro del mundo durante más de un mes gracias a la celebración de la Copa Mundial de fútbol. Numerosos fueron los análisis superficiales emitidos por los medios de comunicación, en los que solamente se repetían una y otra vez los mismos tópicos. Los estereotipos usuales sobre el África negra y referencias a los elevadísimos niveles de violencia presentes en la sociedad sudafricana eran usados en innumerables ocasiones por supuestos expertos.

El éxito cosechado por la película Invictus – basada en el libro de John Carlin El factor humano -, dirigida por Clint Eastwood y con Morgan Freeman representando a Nelson Mandela, también fue un gran escaparate para Sudáfrica. En este caso, los ojos del mundo se centraron propiamente en el proceso de transición del régimen del apartheid a un régimen democrático. El papel central del rugby como elemento de cohesión nacional, un símbolo afrikáner como los springboks – la selección nacional de rugby de Sudáfrica – fue adoptado como propio por gran parte de los sudafricanos negros. En el momento culminante, con una gran carga simbólica, Nelson Mandela hizo entrega de la copa que acreditaba que Sudáfrica era la campeona del mundo al capitán springbok François Pienaar.

Nelson Mandela saludando al capitán de los Springobks François Pienaar, tras hacer entrega de la copa del mundo.

Tras más de quince años desde las primeras elecciones democráticas, en las que Nelson Mandela fue elegido presidente de todos los sudafricanos por una abrumadora mayoría, creo que es posible analizar el actual estado de Sudáfrica y qué visiones son las más presentes en el panorama político sudafricano.

El análisis consta de tres partes fundamentales: en primer lugar, analizaré uno de los elementos esenciales del proceso de transición sudafricano, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y sus efectos en la democracia sudafricana (Parte 2). En segundo lugar, haré una breve comparativa de los balances que realizan las dos principales fuerzas políticas sudafricanas, el Congreso Nacional Africano (CNA), en el gobierno, y la Democratic Alliance (DA), en la oposición, haciendo especial énfasis en los argumentos de ésta última (Parte 3). Finalmente, compararé los análisis que llevan a cabo dos historiadores, R.W. Johnson ex-profesor en la Universidad de Oxford y corresponsal del Sunday Times en Ciudad del Cabo; y Robert Ross, profesor en la Universidad de Leiden (Parte 4).

Històries africanes. La intervenció estrangera en el genocidi de Ruanda

¿Va influir decisivament la intervenció estrangera en el genocidi de Ruanda?

El genocidi és l’exterminació sistemàtica i planificada d’un grup humà a causa de la seva raça, ètnia o religió. Entre l’ebril i el juliol de 1994, va tenir lloc a Ruanda el genocidi de majors dimensions des de l’Holocaust, que va causar la mort de 800.000 persones (i). ¿Com va ser possible que un govern podués planificar un crim d’aquesta magnitud? L’objectiu d’aquest text es descobrir si la participació dels europeus, fonamentalment belgues i francesos, en els afers ruandesos va tenir un paper rellevant en el conflicte; o si, en canvi, el genocidi a Ruanda es pot explicar com un conflicte tribal típicament africà entre hutus i tutsis.

Ruanda era un regne unificat des del període medieval tardà, que governava una monarquia que pertanyia a l’ètnia tutsi. En plena època de l’imperialisme europeu, la Conferència de Berlin del 1885 va establir que el territori ruandès quedava sota sobirania alemanya. Tot i això, l’arribada dels alemanys a Ruanda no es va produir fins a començaments del segle XX, quan s’hi van instal·lar alguns grups de missioners. Com a conseqüència de la desfeta alemanya a la Primera Guerra Mundial, la Societat de Nacions va decidir l’any 1923 que Ruanda passava a ser un territori controlat per Bèlgica (ii).

La monarquia ruandesa tutsi tenia una estreta relació amb els colonitzadors.

El període de colonització belga, entre el 1923 i el 1962, va ser un període fonamental per comprendre la història de la Ruanda independent. El 1933 els belgues van elaborar un cens i van instaurar unes targetes d’identificació obligatòries que classificaven a la població en tres grups: tutsis, hutus i twas. Les teories racistes, que circulaven amb gran èxit per Europa en aquest període, es van aplicar també en el cas de Ruanda, i així, els tutsis van ser considerats com a membres d’una raça superior (iii). L’administració colonial belga va donar suport a les elits tutsis i va privilegiar a aquest grup ètnic. La injustícia d’aquestes polítiques generava un gran rebuig entre la majoria dels ruandesos, d’origen hutu, que representaven el 84% de la població (iv).

Com explica Jean François Bayart, algunes de les mesures aplicades per l’administració colonial belga “se tradujeron en una explotación despiadada del campesinado” (v). Les tensions existents entre les dues ètnies es van agreujar molt durant el domini coloniali l’any 1957 les elits hutus van publicar el Manifest Hutu, on reclamaven el respecte pels seus drets i una organització política pròpia (vi). La monarquia tutsi no va comprendre les implicacions d’aquesta presa de consciència hutu i, amb el suport belga fins a l’últim moment, no va portar a terme cap mesura que portés a l’apropament d’ambdues comunitats.

Els líders de l’ètnia hutu poc abans de la independència de Ruanda.

El 1959 va tenir lloc el gran canvi de poder, que va recaure en les mans dels hutus. La majoria de càrrecs polítics van a passar a ser ostentats per hutus; i finalment, l’any 1960 el nou govern provisional hutu va proclamar l’abolició de la monarquia. El canvi de bàndol dels belgues, que en pocs mesos van deixar de donar suport als tutsis per impulsar l’accés al poder dels hutus va ser decisiu. El 1962 Ruanda va accedir a la independència. Des del 1959 fins el 1964 van tenir lloc matances de tutsis per tot el país, a l’hora que els hutus eren les víctimes al veí Burundi (vii).

L’administració belga, enlloc de buscar una solució definitiva amb la reconciliació d’ambdues ètnies, només va impulsar mesures provisionals fàcils d’implementar, com mostra el testimoni de Jean-Baptiste Munyankore: “Els belgues ens volien ajudar, però tenien molta por, sobretot de la brutícia. Un matí va venir un administrador belga; ens va demanar que escrivíssim en una llista el país on volíem anar exiliats” (viii). El nou govern hutu del president Kayibanda va aprofitar aquests fets per impulsar polítiques segregacionistes per purificar el país, segons les quals en l’ensenyament i en l’àmbit laboral, els tutsis havien de complir la quota del 9% (ix). Aquesta primera part mostra com el període colonial “no hizo más que agravar la iniquidad y la rigidez de esta mezcla histórica (hutus y tutsis) que acabó siendo explosiva” (x).

Segell commemoratiu de la independència de Ruanda amb el president Kayibanda.

En segon terme, vull mostrar l’actuació d’occident en l’època més propera al genocidi, i fins i tot quan aquest ja s’havia iniciat. El 1990, el Front Patriòtic Ruandès (FPR) que agrupava als exiliats tutsis contra el govern dictatorial d’Habyarimana i que comptava amb el suport d’Uganda, va envair Ruanda. Bèlgica i especialment França van donar ràpidament suport al govern ruandès, que va rebre ajuda econòmica i militar, i que, en un fet essencial per al desenvolupament del posterior genocidi, va poder comprar armament amb molta facilitat.

Les represàlies contra els tutsis eren una constant, i l’Associació Ruandesa per la Defensa dels Drets Humans ja parlava de genocidi el 1992 (xi). Un senador belga – Filip Reyntjens – va denunciar l’existència d’esquadrons de la mort a Ruanda, comandats per càrrec governamentals (xii). Tot i això, les relacions d’Habyarimana amb occident eren privilegiades, fet que li permetia de les ajudes del Fons Monetari Internacional (FMI), destinades teòricament a la recuperació econòmica del país, en armament. Ruanda es va convertir en el tercer importador més gran d’armament de tota l’Àfrica (xiii).

Els matxets van ser l’arma més emprada pels esquadrons de la mort.

A causa de la greu situació – una autèntica guerra civil amb centenars de milers de desplaçats -, les Nacions Unides van decidir intervenir, amb l’enviament d’una missió de pau a Ruanda. Les tropes van ser molt escasses des del primer moment, i de fet, només estaven destinades per a la protecció dels ciutadans occidentals. “No entenc per què els blancs es van dedicar a observar durant tant de temps, mentre a nosaltres ens clavaven ganivets cada dia” (xiv). Aquesta és la visió d’una de les víctimes del genocidi sobre l’actuació occidental durant el genocidi. La passivitat europea i nord-americana, inclosa la de l’opinió pública, i la impotència dels soldats – que no disposaven de recursos per fer front a les matances -, van abandonar a la seva sort a milions de ruandesos. L’assassinat del president Habyarimana – en un accident d’avió – va ser el tret de sortida del genocidi, però els crims a gran escala ja havien començat molt abans.

En resum, crec que la resposta a la pregunta és molt evident. La participació dels estrangers en els afers ruandesos va ser decisiva per entendre la naturalesa del genocidi En un primer moment, el període colonial va dividir la societat ruandesa segons criteris ètnics, i els privilegis – en la fase inicial dels tutsis i, posteriorment dels hutus – van generar una tensió interètnica molt important que va ser aprofitada pels sectors més extremistes del govern. En segon terme, ja en plena guerra civil, el suport incondicional d’Occident al govern d’Habyarimana va permetre la planificació i la posterior execució del genocidi, ja que l’armament necessari va arribar en grans quantitats a Ruanda. A més, la inexistència d’informació va fer invisible el conflicte fins al juliol del 1994, quan ja havia mort més de mig milió de persones.

El genocidi de Ruanda va ser la massacre més gran des de l’Holocaust.

Un fet narrat per Gerard Prunier mostra fins a quin punt la ceguesa occidental va ser total: el 27 d’abril de 1994, després de pràcticament un mes de genocidi, dos dels líders més extremistes del govern ruandès que pertanyien a la facció radical Poder Hutu van ser rebuts per François Miterrand al Palau de l’Elisi (xv).

Bibliografia:

i) PRUNIER, G. «Congo Kinshasa la primera guerra mundial africana» a Vanguardia dossier número 26, gener de 2008.

ii) FISAS, V. Rwanda. Història d’un genocidi programat. Document 32/1994. Centre UNESCO de Catalunya, Barcelona, 1994. Pagina 5.

iii) PRUNIER, G. The Rwanda Crisis 1959-1994. History of a genocid. Hurst and Company, Londres, 1995. Pàgina 12. Citat per MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàgina 31.

iv) BAYART, J.F. El estado en África. Edicions Bellaterra, Barcelona, 1999. Pàgina 202.

v) Íbid.

vi) FISAS, V. Rwanda. Història d’un genocidi programat. Document 32/1994. Centre UNESCO de Catalunya, Barcelona, 1994. Pagina 5.

vii) Íbid.

viii) HATZFELD, J. La vida nua. Relats dels aiguamolls ruandesos. Edicions de 1984, Barcelona, 2001. Pàgina 61.

ix) PRUNIER, G. The Rwanda Crisis 1959-1994. History of a genocid. Hurst and Company, Londres, 1995. Pàgina 60. Citat per MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàgina 49.

x) BAYART, J.F. El estado en África. Edicions Bellaterra, Barcelona, 1999. Pàgina 202.

xi) MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàg 74.

xii) PRUNIER, G. The Rwanda Crisis 1959-1994. History of a genocid. Hurst and Company, Londres, 1995. Pàgina 168. Citat per MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàgina 74.

xiii) MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàgina 61.

xiv) HATZFELD, J. La vida nua. Relats dels aiguamolls ruandesos. Edicions de 1984, Barcelona, 2001. Pàgina 168.

xv) PRUNIER, G. The Rwanda Crisis 1959-1994. History of a genocid. Hurst and Company, Londres, 1995. Pàgina 277. Citat per MELVERN, L. Un pueblo traicionado. El papel de Occidente en el genocidio de Ruanda. Intermon Oxfam ediciones. Barcelona, 2007. Pàgina 238.

Històries africanes. El Congrés Nacional Africà i la lluita armada

 

Aquest text tracta de trobar la resposta a la següent pregunta: Per què el Congrés Nacional Africà va adoptar la lluita armada?

El Congrés Nacional Africà (ANC) es va crear l’any 1912 com a protesta contra les noves lleis segregadores que va aprovar el govern de la minoria blanca a la Unió Sud-Africana. Especialment discriminatòria era la llei que cedia el 87% del territori a la minoria blanca, mentre que la gran majoria de la població, negra, s’havia de conformar amb el 13% restant. Els primers dirigents de l’ANC, membres de l’aristocràcia tradicional africana «preferien acontentar-se amb peticions esporàdiques als governs del Cap o de Londres, sempre respectuoses amb l’autoritat»1.

Els líders del Congrés Nacional Africà el 1912.

Aquesta situació comença a canviar el 1936, quan amb l’eliminació del vot censitari, els dirigents de l’ANC van deixar pas a joves amb idees més radicals. És en aquests moments quan el National Party, el partit nacionalista afrikàner, comença a guanyar suport entre els blancs. L’NP denunciava el perill d’una marea negra que acabés amb la dominació blanca, i veia a l’ANC com una força perillosa. En acabar la Segona Guerra Mundial, els soldats sud-africans, gairebé tots blancs, es van trobar que els llocs de treball que ocupaven abans de la guerra ara eren de treballadors negres, especialment a les mines. L’NP va aprofitar aquesta lluita entre les classes treballadores blanca i negra, i amb el seu discurs segregacionista va guanyar les eleccions de 1948.

El 1948 és un moment clau en la història de l’ANC. L’NP va establir el sistema d’apartheid, que discriminava a tots els no-blancs de Sud-Àfrica, però sobretot als negres. L’ANC era l’organització opositora més nombrosa, i es va posicionar com a líder de l’oposició contra el govern. Amb el lideratge d’Albert Luthuli, futur Premi Nobel de la Pau, l’ANC va impulsar l’Aliança del Congrés, que agrupava a comunistes, sindicalistes, organitzacions índies i mestisses. Aquesta aliança anti-apartheid va crear l’anomenada Carta de la llibertat, que exposava la seva idea de la Sud-Àfrica multiracial del futur.

Emblema del Congrés Nacional Africà. Els seus colors són presents a l’actual bandera sud-africana.

Del 1948 fins el 1960 és l’època en què l’ANC, amb l’ajuda de les organitzacions aliades, organitza grans campanyes de protesta massiva, entre les quals destaca la de desobediència a les lleis injustes, que va acabar amb molts voluntaris detinguts. Sobre aquest període, Mary Benson, la biògrafa oficial d’en Nelson Mandela afirma que «Non-violence was the only viable method against a heavily armed, violent state»2. L’exemple de grans líders mundials com Mahatma Ghandi, que havia aconseguit la independència de la Índia amb grans protestes massives no violentes, encoratjava als líders de l’ANC a seguir aquesta via. La majoria d’accions consistien en la crema dels passis que els africans havien de dur per desplaçar-se al seu propi país o en vagues massives que aturaven el teixit productiu sud-africà durant un període curt de temps.

Fins el 1960 els dirigents de l’ANC, entre els quals començaven a destacar els joves Oliver Tambo, Nelson Mandela o Walter Sisulu, creien que l’opció de la no-violència era efectiva per lluitar contra el règim, i a més els permetia no posar en perill a la seva gent. També tenia importància el fet de respectar la tradició de la no-violència que l’ANC havia seguit des de la seva fundació. Mary Benson, parlant sobre Nelson Mandela i Walter Sisulu diu: «they could look back to occasions in the ANC’s history of protest when passive resistance had been spontaneously used»3.

Tambo, Mandela i Sisulu.

La opció de la no-violència era la única possible. Tot i que segons diu Mandela a la seva autobiografia «Ya en 1952 Walter y yo habíamos discuitdo el tema de la lucha armada»4, aquesta havia quedat ràpidament descartada. L’Estat era massa poderós, i molts membres de l’Aliança pel Congrés, sobretot els indis, defensaven que la no-violència era un principi irrenunciable. Què va canviar a Sud-Àfrica i en l’interior de l’ANC per optar per la lluita armada?

Fins el 1961, l’actuació de l’ANC es basava en la no-violència. Com diu Bunting, «The campaigns of 1960 and 1961 had also been non-violent in both conception and execution»5. L’aparició en escena del Congrés Pan-Africanista, l’escissió africanista pura de l’ANC liderada per Robert Sobukwe va ser decisiva. En paraules d’Alfred Bosch «Fou el PAC el que el 1960, en impulsar mobilitzacions contra els passis, va desfermar la repressió del règim»6. En el marc d’aquestes protestes, el 21 de Març de 1960 va tenir lloc la matança de Sharpeville, en què van morir assassinats 69 africans. El govern va prohibir tant l’ANC com el PAC, que a partir d’aquest moment van esdevenir organitzacions il·legals.

La lluita va augmentar significativament a partir dels 60.

La situació havia canviat radicalment per l’ANC. Les seves protestes no violentes passaven a ser il·legals, l’Estat havia eliminat el seu mitjà d’oposició. Era necessari trobar una nova forma de lluitar contra el règim. A més, segons Bunting «There was more and more talk, particularly among the youth, of the need for “new methods” of struggle»7. El PAC s’havia fet més proper a la gent, i l’ANC era vist com un partit de burgesos elitistes allunyats de la població. Segons explica Nelson Mandela, els dirigents de l’ANC tenien por a canviar la seva estratègia per dos motius: el fet d’exposar la gent a la violència indiscriminada de l’Estat i la possibilitat d’acabar empresonats8.

Finalment, després d’intenses negociacions l’ANC va decidir de crear la seva branca armada: Umkhonto we Sizwe (MK), la Llança de la Nació. El text de fundació de l’MK mostra els seus objectius: «Umkhonto we Sizwe will carry on the struggle for freedom and democracy by new methods»9. També afirmava que la lluita armada era una nova forma de fer reflexionar al Govern i als seus partidaris per tal d’evitar una possible guerra civil.

Entrenaments militars dels guerrillers d’Umkhonto we Sizwe (La llança de la Nació).

Responent a la pregunta, crec que el pas de l’ANC a la lluita armada va ser provocat per tres factors. En primer terme pel canvi de mentalitat dels sud-africans negres, que com va mostrar el PAC, reclamaven un nou tipus de lluita contra el règim de l’apartheid. En segon lloc, tot i no haver-la esmentat abans, crec que la situació internacional va ser important, ja que als anys seixanta, amb l’inici de la descolonització van sorgir nous moviments guerrillers d’alliberació nacional a l’Àfrica. El viatge de Mandela a la Conferència Panafricana de 1961 i el suport que va rebre de molts governs per a la instrucció militar dels guerrillers prova la importància d’aquest factor. I per últim, i crec que el més important dels tres, l’augment extrem de la violència repressiva per part de l’Estat, que feia impossible qualsevol altre tipus de resistència. Per Bunting «The “granite” policy of the Nationalist government was provoking the inevitable response»10 i Bosch ho confirma: «el règim ja ha mostrat la seva cara de monstre i l’ANC abandona qualsevol esperança de diàleg»11.

 

Bibliografia:

1A. BOSCH. Nelson Mandela. L’últim home-déu. Ed. Curial, Barcelona, 1995. Pàg. 31.

2 M. BENSON. Nelson Mandela. The man and the movement. Ed. Penguin, Middlesex (UK), 1986. Pàg. 30.

3 M. BENSON. Nelson Mandela. The man and the movement. Ed. Penguin, Middlesex (UK), 1986. Pàg. 29.

4 N. MANDELA. El largo camino hacia la libertad. Ed. El País Aguilar, Madrid, 1995. Pàg. 281.

5 B. BUNTING. The rise of the South African Reich. Ed. IDAF, London, 1986. Pàg. 215.

6A. BOSCH. Nelson Mandela. L’últim home-déu.Ed. Curial, Barcelona, 1995. Pàg. 23.

7 B. BUNTING. The rise of the South African Reich. Ed. IDAF, London, 1986. Pàg. 216.

8 N. MANDELA. El largo camino hacia la libertad. Ed. El País Aguilar, Madrid, 1995. Pàg. 280-284.

9 B. BUNTING. The rise of the South African Reich. Ed. IDAF, London, 1986. Pàg. 216.

10 B. BUNTING. The rise of the South African Reich. Ed. IDAF, London, 1986. Pàg. 216.

11A. BOSCH. Nelson Mandela. L’últim home-déu.Ed. Curial, Barcelona, 1995. Pàg. 66.