Cómic e Historia. La España del siglo XX

El siglo XX en España fue una etapa muy convulsa. Una guerra civil y una dictadura que duró 39 años fueron los acontecimientos fundamentales que marcaron a muchas generaciones de españoles. Como pasa en otros ámbitos artísticos, los autores de cómic han utilizado estos hechos como inspiración de sus obras. Algunas de las obras presentadas a continuación reflejan cómo afectó directamente este contexto histórico a la vida de los autores o de gente muy cercana a ellos. La lista no es exhaustiva, faltan muchas obras que espero ir incluyendo poco a poco (os agradecería que si echáis en falta alguna obra en concreto la añadáis en los comentarios o a través de twitter en @histocult)  y se centra especialmente en la guerra civil y el franquismo. He excluido deliberadamente Los Profesionales, de Carlos Giménez y El invierno del dibujante, de Paco Roca. Son dos obras maravillosas que tratan un tema muy concreto, la historia del cómic en España, y por tanto, los reservo para una entrada posterior sobre este tema, aunque sin duda, podrían formar parte de esta selección.

El arte de volar, de A. Altarriba y Kim. (Edicions de Ponent) També disponible en català (Editores de Tebeos)

Si tuviera que elegir un cómic para establecerlo como lectura obligatoria para los alumnos de 4º de ESO o de Bachillerato, éste sería El arte de volar, no tendría ninguna duda. Antonio Altarriba quiso homenajear a su padre, que se suicidó en 2001, y creó el guión de esta fantástica novela gráfica. Le ofreció el guión a Kim (Dibujante, entre otras, de la serie Martínez el Facha de El Jueves) y el resultado de esta colaboración fue magnífico.

El protagonista de la narración es Antonio Altarriba Lope, desde su nacimiento en 1910 hasta su muerte en 2001. A lo largo de la vida de Antonio observamos las diferentes etapas históricas de la España del siglo XX y somos testigos de algunos de los acontecimientos históricos fundamentales de esta época. La Segunda República, la Guerra Civil, el exilio a Francia, el Franquismo y finalmente, la etapa democrática están perfectamente reflejados en el cómic. Esta novela gráfica es un gran ejercicio de memoria histórica, pero además relata la vida de un hombre común, de alguien que fue feliz en algunas etapas, pero sobretodo, de alguien que sufrió lo peor de su tiempo.

Antonio Altarriba padeció la Guerra Civil y el exilio.

Antonio Altarriba padeció la Guerra Civil y el exilio.

Como hice en la primera entrada de esta serie sobre Cómic e Historia, os enlazo la guía didáctica que elaboró Antoni Guiral sobre El arte de volar, ya que creo que es un gran ejemplo de las infinitas posibilidades que nos ofrecen los cómics como material didáctico.

– Mil vidas más. Miguel Núñez, de Gálvez, A. López y Mundet. (Edicions de Ponent)

La historia de Miguel Núñez, el histórico dirigente comunista, es la historia de un luchador. Mil vidas más nos narra su vida, pero también nos transmite un mensaje de ilusión y de lucha por mejorar el mundo en el que nos ha tocado vivir. Miguel Núñez nació en 1920 y con sólo 16 años ya participó activamente en la Guerra Civil como miembro de la Juventud Socialista Unificada (JSU); al acabar la guerra fue condenado a muerte, pero se le conmutó la pena; se exilió a Francia; volvió a España para combatir a la dictadura en la clandestinidad; volvió a ser encarcelado y torturado; y ya en democracia, fue diputado en el Congreso durante 4 años. Una vez conseguido su gran objetivo – ver un sistema democrático en España – no se dejó ir, ya que fundó la ONG Acsur – Las Segovias desde la que luchó por la mejora de las condiciones socio-económicas de los pueblos de América del Sur. En definitiva, esta obra, que combina viñetas y texto escrito, nos cuenta la vida de alguien que no cejó en su empeño de intentar cambiar las cosas en beneficio de los más desfavorecidos, aunque por ello tuviera que pagar un alto precio.

Miguel Núlez sufrió torturas por ser leal a sus ideas y a sus compañeros.

Miguel Núñez sufrió torturas por ser leal a sus ideas y a sus compañeros.

– Un largo silencio, de M. Gallardo y F. Gallardo. (Astiberri) També disponible en català (Edicions de Ponent)

Francisco Gallardo, el padre del dibujante Miguel Gallardo, fue un soldado republicano durante la guerra civil. Había escrito unas 30 páginas relatando sus experiencias en el conflicto bélico, pero fue en el año 1.997 cuando su hijo decidió recuperarlas como base de una nueva novela gráfica. Es una obra que combina las reflexiones personales de Gallardo padre, las viñetas de Gallardo hijo que narran los hechos que vivió su progenitor y los documentos de la época que añadió Miguel Gallardo para dotar de mayor realismo – si cabe – a la obra. Como dice Miguel Gallardo, su padre fue “un héroe“, alguien que consiguió “sobrevivir, sobrevivir para enamorarse de mi madre, para que mi hermano y yo estemos aquí, sobrevivir para hacer amigos, para leer, para reír…

Las viñetas de Miguel Gallardo recrean las vivencias de su padre.

Las viñetas de Miguel Gallardo recrean las vivencias de su padre.

Paracuellos, de Carlos Giménez. (Glénat, De Bolsillo)

El gran Carlos Giménez nos cuenta en Paracuellos sus vivencias y las de sus compañeros en uno de los Hogares de Auxilio Social que creó el régimen franquista en la posguerra. Eran hogares para los niños desamparados. Carlos Giménez crea historias cortas que muestran, en ocasiones con ternura y en otras con crudeza, cómo era la vida en estos lugares. El trato con los falangistas y con las monjas que dirigen el centro, los breves encuentros con los familiares y el día a día con el resto de niños conforman un retrato de la España de los años 50. Es muy interesante para conocer la vida de los niños más desfavorecidos durante la posguerra y para reflexionar sobre el papel de algunas instituciones como la Iglesia durante los largos años de dictadura.

La vida en un Hogar de Auxilio Social desde el punto de vista de los niños.

La vida en un Hogar de Auxilio Social desde el punto de vista de los niños.

– Tristísima ceniza, de M. Begoña e Iñaket. (Norma)

Después del bombardeo de Gernika de finales de abril de 1937, muchos reporteros viajaron hasta el País Vasco. Entre ellos estaba Robert Capa, uno de los protagonistas del cómic junto a su compañera Gerda Taro, quién estaba en el frente catalán. No son los únicos personajes fundamentales de la novela gráfica, pero su historia quizás sea la más emotiva. En palabras de los autores, el objetivo de esta obra es “recordar a los olvidados“, es decir, hacer memoria sobre los héroes que lucharon contra la insurrección militar liderada por el general Franco. Es muy interesante para conocer historias más personales que las del gran relato de la Guerra Civil y es un gran ejercicio de memoria histórica.

Robert Capa y Gerda Taro son dos de los protagonistas del cómic.

Robert Capa y Gerda Taro son dos de los protagonistas del cómic.

– Cuerda de presas, de F. Martínez y J. García. (Astiberri) 

Las historias de once presas políticas, encarceladas en los primeros años del franquismo, crean un retrato de la represión del régimen del dictador español. Diferentes cárceles por toda España muestran el sufrimiento de estas mujeres condenadas por sus ideas. El dibujo ayuda a transmitir esta atmósfera de dolor y opresión, en la que monjas, funcionarias y falangistas colaboran con jueces y médicos para tratar de quebrar a las presas. Muy interesante para conocer el régimen carcelario español y el papel de las mujeres en la lucha antifranquista.

El horror que sufrieron estas mujeres en las cárceles de la posguerra.

El horror que sufrieron estas mujeres en las cárceles de la posguerra no les impidió seguir luchando.

– El ángel de la retirada, de Paco Roca y S. Dounovetz. (Bang Ediciones)

Uno de los episodios más trágicos de la guerra civil fue el exilio de centenares de miles de españoles hacia Francia. Este cómic, dibujado por Paco Roca y con guión del francés Serguei Dounovetz, nos lleva al sur de Francia, donde los exiliados españoles sufrieron lo indecible en los primeros años 40. La obra reflexiona sobre el exilio y sus condiciones, sobre la identidad de los descendientes de los españoles que llegaron huyendo de la dictadura y sobre la memoria histórica. Esta obra, impulsada por la Colonia Española de Beziers, refleja el interés que ha despertado en el país vecino recuperar la historia de una pequeña parte de sus ciudadanos que sufrieron mucho en su búsqueda de libertad.

La dureza extrema del exilio, de la mano de Paco Roca.

La dureza extrema del exilio, de la mano de Paco Roca.

– ¡No pasarán! Las aventuras de Max Fridman, de V. Giardino. (Norma) També disponible en català.

Esta es una obra totalmente de ficción, en que Vittorio Giardino lleva a su personaje Max Fridman a la España del 1938, en plena guerra civil. Es una obra muy bien documentada, de manera que aunque la trama principal no está basada en la realidad, Giardino recrea muy acertadamente el conflicto bélico. Fridman, que había formado parte de las Brigadas Internacionales, llega a Barcelona en busca de un antiguo compañero y se encuentra con los problemas internos del bando republicano antes de ir a la batalla del Ebro. Este cómic no tiene el componente sentimental inherente a las obras autobiográficas, pero es muy entretenido y muestra un panorama general muy interesante de la guerra en Catalunya.

La Barcelona de la guerra civil es el decorado de las andanzas de Max Fridman.

La Barcelona de la guerra civil es el decorado de las andanzas de Max Fridman.

El pico de los cuervos. Matar a Franco, de M. Begoña e Iñaket. (Norma)

En el año 1963 dos anarquistas, Joaquín Delgado y Francisco Granados, fueron detenidos y acusados de ser los autores de las explosiones en dos ministerios en Madrid. No tenían nada que ver con estos hechos, ya que su misión era atentar contra el dictador. Aún así, fueron torturados y condenados a muerte, y finalmente ejecutados mediante el garrote vil. La trama principal del cómic se centra en ellos, pero otros personajes juegan un papel fundamental. Os recomiendo la lectura de ésta reseña en la web dedicada al cómic de RTVE para comprender mejor la complejidad del relato.

La crueldad del régimen franquista y de su sistema judicial son uno de los elementos fundamentales del cómic.

La crueldad del régimen franquista y de su sistema judicial son uno de los elementos fundamentales del cómic.

Historias del barrio, de B. Seguí y G. Beltrán. (Astiberri) També disponible en català (Dolmen)

Gabi Beltrán nació en Palma de Mallorca en 1966 y vivió su infancia y su adolescencia en el barrio chino de la capital balear. Los años 80 fueron una época complicada en muchos barrios de la incipiente España democrática, especialmente para los jóvenes con entornos en muchos casos violentos y desestructurados. El cómic narra las vivencias de Beltrán y su grupo de amigos: sus peleas, sus inicios en el sexo, sus contactos con las drogas y especialmente, sus anhelos y sus sueños. Pese a las dificultades de vivir en un lugar tan complejo y de pasar por situaciones que los adolescentes nunca tendrían que pasar; el tono general del cómic es positivo, ya que muestra con ternura el proceso de aprendizaje que supuso para Beltrán crecer en el barrio chino. Es muy interesante para observar cómo era la vida en estos barrios en los 80, en los que la heroína y la delincuencia hicieron estragos.

Numerosas anécdotas recrean los años 80 del barrio chino de Palma.

Numerosas anécdotas recrean los años 80 del barrio chino de Palma.

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Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 4)

La visión de los historiadores

Esta parte del análisis consiste en comparar la valoración que dos historiadores realizan sobre la Sudáfrica post-apartheid. He utilizado las obras homónimas Historia de Sudáfrica, por un lado la de R.W. Johnson, editado por Debate en el año 2005; y por el otro la de Robert Ross, editada por Akal en el año 2006. El espacio temporal que analizan ambos es el mismo, desde la etapa prehistórica hasta la actualidad. Son obras generales de divulgación que tratan de acercar a un lector medio la historia de este país, dándole especial relevancia a la etapa contemporánea. La idea de comparar ambos libros surgió después de la primera lectura del libro de Johnson, ya que su lectura de la situación actual de Sudáfrica está muy alejada de la idea preconcebida que yo tenía. Posteriormente, tras leer la obra de Ross, creí interesante comparar ambas visiones y tratar de extraer unas conclusiones lo más neutrales y objetivas posibles.

El libro de Johnson da una visión muy negativa de la Sudáfrica actual, y es especialmente crítico con el gobierno del CNA. Comparte algunos argumentos con la DA, como el fracaso de las políticas educativas, la existencia de una elevada criminalidad o las elevadas tasas de desempleo. Además Johnson hace hincapié en otros elementos negativos de la nueva Sudáfrica como los problemas en la sanidad sobretodo por la gran epidemia de SIDA – o la fuga de cerebros que supone la emigración masiva de sudafricanos preparados.

La epidemia de SIDA, uno de los principales problemas de Sudáfrica.

Por encima de todos estos elementos, Johnson critica ferozmente al CNA y su modo de gobernar. Johnson califica las políticas de discriminación positiva como ingeniería social y la compara con la llevada a cabo durante el apartheid (pág. 370). Johnson afirma que en muchos ámbitos los blancos están discriminados, ya que el CNA se ha propuesto conseguir que todas las administraciones públicas sean racialmente representativas de la composición étnica de Sudáfrica. También critica la nueva corrección política que se ha instalado en el país, que convierte, según él, a cualquier crítico con el CNA en racista o en culpable de racismo subliminal (pág. 376).

El texto de Johnson es una continua crítica destructiva de todas las actuaciones del CNA desde que asumió el poder. El único elemento que R.W. Johnson salva de la quema es Nelson Mandela, aunque en algún pasaje (pág. 379) lo tilda de marioneta de Mbeki. La epidemia del SIDA y la desastrosa gestión que de ella hizo el CNA en sus primeros años, son también utilizadas por Johnson para criticar al gobierno. Johnson llega a decir que las actuaciones del CNA respecto a los enfermos de SIDA sudafricanos supera la crueldad de Verwoerd y la antigua élite nat (pág. 392).

Por último, me gustaría remarcar que Johnson compara continuamente al gobierno del CNA con el gobierno del National Party durante el periodo del apartheid:

  • Refiriéndose a la victoria del CNA en las elecciones de 1999, Johnson afirma: En muchos aspectos la victoria del CNA se pareció a la victoria del NP en 1958. (pág. 396)
  • Comparando, en el epílogo, los nacionalismos afrikáner y africano, Johnson asegura: Al principio los nacionalismos afrikáner y africano parecían muy diferentes. El CNA fue el primer gobierno de Sudáfrica que prometió construir una nación común, y esta promesa fue recibida con un entusiasmo y una gratitud enorme por todas las capas de la sociedad. Pero ahora, al cabo de una década, está claro que los dos nacionalismos tienen mucho en común, en particular cuando están en el poder. Ambos han adulado para engañar. Ambos han atraído seguidores basándose en el sufrimiento y el agravio históricos, y ambos han intentado simultáneamente crear una sensación de victimismo y un sentimiento de superioridad entre sus partidarios. Esta promesa de una nación común no se ha materializado (pág.400).

La visión que muestra Robert Ross es prácticamente opuesta a la de R.W. Johnson. Ross describe una Sudáfrica con problemas, pero al mismo tiempo reconoce los avances que se están llevando a cabo. Su análisis no es tan catastrófico, aunque también enumera las problemáticas que aparecen en el texto de Johnson. Es una visión más matizada y no tan destructiva. Además Ross asegura que la consolidación de la democracia sudafricana ha hecho que aumente la visibilidad de los problemas (pág. 210).

Los tres presidentes de la Sudáfrica democrática. Jacob Zuma, Nelson Mandela y Thabo Mbeki

El libro de Ross valora de manera positiva la actuación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación; y su opinión sobre el presidente Mbeki también es favorable. Ross recoge en su obra los logros del gobierno, y no se centra solamente en los aspectos negativos. Valora por encima de todo que la nueva Sudáfrica es un estado democrático, y por tanto, por muchas dificultades que atraviese siempre será mejor que el régimen anterior. Además trata temas en los que la labor de los gobiernos del CNA ha sido muy favorable para los sudafricanos más desfavorecidos. La mayoría de sudafricanos tiene acceso a agua y corriente y electricidad, y las políticas de vivienda también han ayudado a paliar la situación de las capas sociales más bajas (pág. 214).

En referencia a aspectos más espinosos, como la corrupción o la epidemia de SIDA, Ross expresa opiniones más moderadas y no trata de responsabilizar únicamente al gobierno. En cuanto a la corrupción, Robert Ross explica que se da especialmente en el nivel de la administración local, y por tanto no es un problema exclusivo del CNA. Sobre la epidemia de SIDA, Ross vincula el problema con la pauta sexual tradicional de la región, y aunque critica la actuación del CNA y especialmente de Tabo Mbeki, trata de explicar las motivaciones de su actuación.

A diferencia de Johnson, Ross asegura que las desigualdades raciales se han reducido, aunque la desigualdad social sigue siendo elevada. Reconoce que la pobreza no se ha reducido, pero valora el surgimiento de una incipiente clase media negra. Su discurso es más matizado que el de R.W. Johnson, y no cae en el maniqueísmo que sitúa al CNA como principal obstáculo para el desarrollo del país.

Pasará mucho tiempo antes de que desaparezcan las desigualdades del pasado, si es que eso llega a suceder algún día. En cualquier caso, los beneficios del nuevo orden van alcanzando muy lentamente a quiénes más los necesitan, y esa lentitud provoca una considerable frustración. Pero aunque la lluvia siga teñida con los colores del pasado, al menos sigue cayendo, y eso es lo que les importa a la mayoría de los sudafricanos. (pág. 218)

Conclusiones

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica ha sido la comisión de la verdad con más atribuciones y con más recursos de la historia. Su tratamiento individualizado de la amnistía ha servido como ejemplo a muchos otros casos; su énfasis en la verdad y en el intento de reconciliar al pueblo sudafricano ha sido alabado en todo el mundo. A pesar de estos aspectos enormemente positivos, la CVR tenido que cargar con el gran peso que supone la transición política de un régimen autoritario y violento a una democracia multirracial.

La CVR ha sido un elemento muy positivo. Teniendo en cuenta la situación de Sudáfrica en 1994, en que una guerra civil parecía posible, la actuación de la Comisión ha servido para dar paso a un régimen democrático con bastante legitimación. El objetivo primario, evitar un conflicto generalizado ha sido evitado.

En mi opinión, y recalcando que ésta ha sido la mejor comisión de la verdad hasta el momento, creo que no ha servido para resolver el principal problema de la actual Sudáfrica: la desigualdad social heredada del Apartheid. El sistema social impuesto por el régimen del National Party perpetuó las desigualdades privando de oportunidades a toda la población no-blanca. La auténtica reconciliación, la auténtica justicia social hubiera consistido en solucionar esta desigualdad.

La pobreza y las enormes desigualdades sociales están muy presentes en el país.

El caso sudafricano me recuerda en algunos aspectos al caso español. En el contexto en que tuvieron lugar ambas transiciones, seguramente no se pudo hacer más, pero este hecho no elimina la injusticia del proceso. Richard A. Wilson dice que la transición política hacia la democracia depende en gran medida de la fuerza de la oposición política, y creo que es totalmente cierto. En una situación de equilibrio de poderes entre gobierno y oposición, la única solución es hacer concesiones.

En el caso sudafricano, creo que es una evidencia que la minoría blanca renunció al poder político a cambio de conservar el poder económico. La sociedad sudafricana blanca tiene unos niveles de riqueza similares a los de los países más desarrollados de occidente, mientras que gran parte de los negros sudafricanos viven en unas condiciones similares a las de los países desfavorecidos del África subsahariana.

Por tanto, creo que la situación de Sudáfrica aunque no es la idónea es mejor que la de la Sudáfrica del National Party. El simple y trascendente hecho de acabar con un régimen como el apartheid supone por sí solo un gran avance. Independientemente de los logros o fracasos de los sucesivos gobiernos del CNA, mi opinión es que Sudáfrica está en la actualidad en una situación mucho mejor que la precedente.

Analizando las posturas defendidas tanto por los partidos políticos como por los libros de los dos historiadores observados, se hace evidente que la Sudáfrica del 2010 tiene muchos problemas. Circunstancias heredadas del pasado y nuevos factores como la epidemia de SIDA hacen de la sociedad sudafricana una realidad muy compleja. Su situación no es comparable con la de otros países que hayan llevado a cabo una transición hacia la democracia en los últimos años. El sistema del Apartheid fue único y tuvo unas características tan particulares, que sus efectos aún hoy en día son incomparables con las consecuencias de otras dictaduras.

Respondiendo directamente a la pregunta que da inicio a este breve y modesto análisis, la Sudáfrica actual está en un momento muy importante en su historia. El régimen democrático está consolidado, los conflictos generados de manera directa por el régimen del NP se están superando poco a poco; pero al mismo tiempo las desigualdades sociales que este régimen provocó están presentes en la Sudáfrica actual.

La minoría blanca renunció al poder político a cambio de mantener el poder económico, y este hecho impidió llevar a cabo una redistribución de la riqueza acorde con lo que la mayoría de población negra sudafricana reclamaba. Como dice Robert Ross, el incumplimiento de gran parte de estas enormes expectativas generó una profunda frustración, que es fácilmente visible en la sociedad sudafricana actual.

Para concluir, me gustaría destacar que si la celebración del mundial en 1995 fue simbólica por la unión del país en torno a la nueva bandera de la Sudáfrica democrática, la celebración del mundial de fútbol en este año 2010 significó un punto de inflexión. El mundo entero fijó sus ojos en el país, que respondió de manera brillante a lo que se le pedía. El aumento del turismo o la mejora de las infraestructuras son efectos directos de este acontecimiento. El reto que tiene ante sí el gobierno del CNA es conseguir que las capas sociales más desfavorecidas del país se beneficien de este importante evento.

Nelson Mandela en la inauguración del Mundial de Fútbol de 2010

La nación del arco iris, consciente de sus enormes problemas, debe seguir luchando para conseguir un futuro mejor para todos sus ciudadanos. El camino es largo, pero desde 1994 se han dado muchos pasos en la dirección correcta.

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 3)

El balance de las fuerzas políticas sudafricanas

Las opiniones que muestran los dos grandes partidos políticos sobre el periodo posterior a la transición democrática y sobre la situación actual son contrapuestas. El Congreso Nacional Africano centra sus explicaciones en la dificultad del proceso y en los éxitos conseguidos; mientras que la Democratic Alliance basa su discurso en la crítica de los insuficientes avances y en la corrupción gubernamental. Para contrastar estas dos visiones sobre la realidad sudafricana me he basado en dos textos: por un la lado el documento Towards a Ten Year Review, editado por el departamento de presidencia; y por el otro, el documento Truth and Denial Document, redactado por la DA. Ambos son textos extensos y complejos, especialmente el documento gubernamental, por tanto, trataré de resumir sucintamente las ideas principales y su balance del periodo.

La visión que muestra el CNA sobre la actual Sudáfrica es positiva. El énfasis recae en los los logros del periodo y en la dificultad que ha supuesto superar las injusticias provocadas por el régimen anterior. El CNA se muestra satisfecho con los logros conseguidos pero es consciente que aún queda mucho para superar algunas de las problemáticas más graves. Lo más destacado por el partido del gobierno son los éxitos logrados en determinados campos: avances sociales, políticas de discriminación positiva, reducción de la pobreza y estabilidad democrática.

Simpatizantes del CNA en Johannesburgo dando su apoyo al presidente Jacob Zuma.

Estos cuatro frentes son altamente positivos, y el CNA valora especialmente el periodo de consolidación democrática que Sudáfrica ha vivido en los últimos años. La democracia sudafricana es fuerte, y el pueblo sudafricano pone su confianza en el CNA para solventar sus dificultades y llevar a Sudáfrica al siguiente nivel de desarrollo social y económico. Pese a esta visión, en general, positiva y optimista, el CNA también reconoce que aún no se ha hecho suficiente en algunos ámbitos. Los índices de pobreza se han reducido, pero aún son elevados. La igualdad racial es teórica, pero queda un amplio margen de mejora para que la sociedad sudafricana sea una sociedad más igualitaria y justa.

Dentro del propio CNA existen corrientes críticas que analizan la situación sudafricana desde otras perspectivas. El caso más destacado es la postura de la Youth League – las juventudes del CNA – que afirma que aún existe racismo en Sudáfrica y que este afecta sobretodo a la juventud negra, que dispone de menos oportunidades que los jóvenes de otros grupos étnicos. La Youth League centra su discurso, radical en ocasiones, en la denuncia de las desigualdades que aún existen en la sociedad sudafricana y por ello exigen una mayor fuerza de las políticas de discriminación positiva.

Las juventudes del partido gubernamental se muestran críticas y exigen reformas más rápidas.

En conclusión, la visión sobre los quince años posteriores a las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica del CNA es positiva, pero también consciente de los obstáculos que el país tiene que superar. Incluso dentro del movimiento gubernamental existen opiniones más críticas que reclaman un mayor esfuerzo y una mayor actividad redistributiva para conseguir hacer frente a las dificultades de forma más rápida y eficaz.

Con respecto al discurso de la DA sobre este periodo, el documento Truth and Denial trata de reflejar la imagen real de Sudáfrica, muy alejada, según la DA, de la idílica visión del CNA. Este texto compara diferentes estudios internacionales con el discurso gubernamental. Un gran número de aspectos son analizados en estos estudios, y la realidad que muestran es muy diferente de la realidad presentada por el CNA.

Algunos de los estudios que utiliza la DA para demostrar la veracidad de su postura son:

  • Índice de Desarrollo Humano: Sudáfrica desciende 27 puestos de 2001 a 2006.
  • International Maths and Science Study (Educación): descenso de 11 puestos de 1999 a 2003.
  • Global Competitiveness Index (Competitividad económica): descenso de 5 puestos de 2006 a 2007.
  • Economic Freedom Network (Índice de libertad económica): descenso del puesto 47 en el año 2000 al puesto 59 en año 2006, de un total de 130 estados.
  • Transparency International Global Corruption Barometer (Percepción de corrupción en las sociedades): aumento de 2004 a 2005 y descenso de 2005 a 2006. Es destacable la percepción de corrupción en la policía.
  • Global Peace Index: Sudáfrica situada en el puesto 99 de 121. Compara el nivel de criminalidad de Sudáfrica con países como China, India o Rusia.

La Democratic Alliance, el principal partido de la oposición.

A partir de estos datos, la DA llega a la conclusión de que la descripción que presenta el CNA está muy alejada de la realidad del país. La DA pone el énfasis en las dificultades y en los fracasos de estos quince años. Según el partido en la oposición en Sudáfrica la desigualdad está aumentando, la criminalidad cada vez es más elevada, la pobreza está más extendida y los niveles educativos están descendiendo a niveles muy precarios.

Esta breve comparación entre las visiones sobre Sudáfrica de las dos grandes fuerzas políticas muestran dos realidades prácticamente contrapuestas. La posición que ocupan en el sistema político del país, el CNA en el gobierno y la DA en la oposición, influye decisivamente en sus respectivos análisis. El gobierno destaca únicamente los aspectos positivos y los efectos beneficiosos de sus políticas, mientras que la oposición se centra solamente en los elementos negativos y en los fracasos gubernamentales. A causa de este evidente sesgo en sus opiniones, la respuesta a la pregunta inicial del – ¿cuál es la situación de Sudáfrica después de más de 15 años de democracia? – no puede ser hallada basándome en estas opiniones. Por este motivo, a continuación analizaré la visión de dos historiadores, teóricamente neutrales.

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 2)

(viene de la Parte 1)

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación

El principal problema para los nuevos gobiernos que se establecen en los estados que emergen de un conflicto prolongado es el de la justicia. Se encuentran con tres límites que son previos a la creación del propio gobierno. El primero es el carácter histórico de la legalidad establecida por el régimen autoritario, es decir, la justicia tiene manchada su reputación, la población no tiende a depositar su confianza en la justicia tras años de injusticia legal. El segundo es el equilibrio de poderes entre las partes, entre las fuerzas del régimen anterior y sus opositores; cuanto mayor sea el poder de las fuerzas opositoras democráticas mayor legitimidad podrá conseguir la justicia. Y el tercero es la necesidad de llegar a acuerdos concretos para acabar con el conflicto, esto es, las actuaciones de urgencia necesarias para desactivar el conflicto.

Los nuevos gobiernos tienen ante si una gran disyuntiva. Por un lado, la lógica política vinculada a la utilidad, y por el otro, la lógica ética asociada a la dinámica de la justicia. La utilidad política tiene como principal objetivo la reconciliación, a la que se puede llegar mediante comisiones de la verdad. En cambio, la lógica ética tiene como finalidad la venganza que se consigue mediante los procesos judiciales. Para Richard Wilson ambas líneas de actuación son complementarias, y lo ideal es su puesta en marcha conjunta.

Al final del periodo del apartheid – años 80 -, el enfrentamiento entre el gobierno del National Party y la oposición había llegado a un nivel en el cual sólo existían dos opciones: el enfrentamiento militar abierto –una guerra civil – o un arreglo político. Ninguno de los dos bandos podía vencer sobre el otro, y ante la fuerza de la oposición, el gobierno decidió tratar de contactar con el CNA para iniciar unas posibles negociaciones. La clave de la democratización es la potencia de la oposición política; cuanto más poderosa sea, más altas cotas de democracia y justicia se podrán conseguir.

La situación internacional había cambiado mucho tras el desplome de la Unión Soviética y con ella, del bloque comunista. Occidente ya no podía permanecer inactivo ante los hechos que estaban ocurriendo en Sudáfrica. Nelson Mandela se había convertido en un símbolo global, y la presión contra el gobierno y contra los sudafricanos blancos iba en aumento. La situación económica tampoco era favorable, y finalmente, el gobierno decidió legalizar a la oposición: CNA, Congreso Panafricanista (CPA) y Partido Comunista de Sudáfrica (SACP), además de liberar a Mandela.

Las negociaciones, aunque parezca mentira, no hicieron sino incrementar la violencia reinante en el país. El número de víctimas políticas del periodo 1990-1994 fue mucho más elevado que el de toda la década de los ochenta. Eran especialmente violentos los enfrentamientos entre militantes del CNA y los del Partido de Liberación Inkatha, espoleado, como se supo después, por el gobierno racista del NP. El propio gobierno decía que esta violencia era exclusivamente étnica, y que demostraba el inferior estado de desarrollo de la población negra.

Manifestación de miembros de Inkatha. La violencia estaba presente en el convulso proceso hacia la democracia.

Las negociaciones recibieron el nombre de CODESA (Convención para una Sudáfrica Democrática) y en ellas participaron todas las fuerzas políticas de Sudáfrica, aunque el papel principal lo jugaron el National Party y el Congreso Nacional Africano. El momento crítico fue junio de 1992, cuando las negociaciones llegaron a un punto muerto y se detuvieron. El CNA ganó el pulso al gobierno y mediante manifestaciones masivas consiguió que se reanudaran.

Los ataques del Inkatha contra feudos del CNA que acabaron con 48 víctimas mortales -la matanza de Boipateng- , cambió la postura del CNA, que como protesta contra la presunta implicación de las fuerzas de seguridad del Estado en los hechos, decidió retirarse de las negociaciones. La posterior campaña de protestas masivas lideradas por el CNA y con el apoyo del COSATU (Confederación de Sindicatos de Sudáfrica), dotó de nueva fuerza al partido de Nelson Mandela. La relación de poder había cambiado, a partir de este momento, el CNA iba a llevar la voz cantante en todo el proceso, como demostró el Documento del Entendimiento firmado por el presidente De Klerk y Mandela. NP y CNA dejaron de lado a los radicales y acercaron sus posturas. Además el NP se alejó definitivamente del Inkatha, que volvió a ocupar el papel secundario que le correspondía.

En noviembre de 1993 CNA y NP acordaron la celebración de elecciones plenamente democráticas en abril de 1994, y el establecimiento hasta esa fecha de un Gobierno de Unidad Nacional liderado por el CNA, pero con importantes ministerios para los pesos pesados del NP Botha y De Klerk. También se aprobó la nueva Constitución Transitoria, que debía tutelar el proceso hasta la formación de la nueva Asamblea Constituyente electa.

Nelson Mandela tras ser proclamado presidente de Sudáfrica.

Tras este relato de los hechos, a partir de ahora me centraré en los aspectos directamente relacionados con la transición política: la amnistía y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

  • La negociación de la amnistía:

Las negociaciones de Sudáfrica fueron unas de las más democráticas de la historia en una transición política. Muchas fuerzas tenían voz y voto, pero como sucede en la mayoría de casos, la justicia es uno de los temas más espinosos, en el que las fuerzas mayoritarias tratan de imponer su visión. En el caso sudafricano, las negociaciones sobre la justicia, centradas básicamente en la amnistía, se llevaron a cabo exclusivamente entre el CNA y el NP.

La Constitución transitoria contenía un apartado, denominado postámbulo, cuyo título era “Unidad Nacional y Reconciliación”. Las bases que establecía eran el entendimiento y la reparación, por contraposición a la venganza y la represalia. Este acto de buena voluntad acabó deparando una amnistía muy cercana a la impunidad. El lema de la CVR, Reconciliación mediante la verdad, y se acabó transformando en Reconciliación mediante la impunidad, ya que esta vía fue la que se utilizó en muchos casos. Las organizaciones cívicas no tuvieron margen de actuación suficiente, pero al menos consiguieron que la amnistía se integrara en la Comisión.

  • La CVR como umbral institucional:

Riachard A. Wilson (Director del Human Right Institute de la Universidad de Connecticut) define las comisiones de la verdad como mecanismo de creación de legitimidad para las nuevas instituciones, es decir, son un elemento de distanciamiento del régimen anterior. Sigue a Hannah Arendt, quien dijo en su Los orígenes del Totalitarismo que lo primero que hace un sistema totalitario es matar el impulso legal de los ciudadanos. Una comisión de la verdad trata de hacer renacer este impulso, es una respuesta a la falta de fe de la ciudadanía en los tribunales.

La reforma del sistema judicial es siempre, como se ha dicho antes, un gran problema para los nuevos gobiernos. La mayoría de funcionarios, incluso algunos de alto rango, siguen en sus puestos, hecho que resta credibilidad ante la población. En el caso de Sudáfrica, el Estado tenía muchas dificultades para demostrar la culpabilidad del régimen anterior en muchos sucesos, ya que la justicia estaba viciada por décadas de actuaciones antidemocráticas. El caso en que el anterior ministro Malan fue acusado de intervenir favoreciendo la actuación del Inkatha contra el CNA y su posterior puesta en libertad por falta de pruebas afectó muy negativamente a la percepción de la justicia de los sudafricanos negros.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación era una forma de afrontar los problemas que tenía ciertas ventajas. En palabras de Desmond Tutu, la CVR presentaba mejores perspectivas para el establecimiento de la verdad que los tribunales. Además, los tribunales no tenían la capacidad de actuar contra todos los crímenes cometidos durante los treinta y cuatro años que se establecieron como periodo de vigencia del apartheid. La CVR y la justicia ordinaria eran complementarios, aunque la debilidad de los tribunales hacía que algunos presuntos culpables prefirieran no acudir a la CVR.

El presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación: el arzobispo Desmond Tutu.

La CVR, y creo que este elemento es esencial, se constituyó como umbral. Era un elemento de mediación. No era una instancia jurídica ni política ni religiosa, pero reunía aspectos de las tres categorías. Era una institución creada como derecho público transitorio, que solo tenía la facultad de hacer recomendaciones al jefe del ejecutivo –el ya electo Nelson Mandela- sobre las reparaciones y las medidas institucionales, administrativas y legislativas para evitar violaciones de los derechos humanos.

Su carácter no exclusivamente jurídico la situaba más allá del ordenamiento legal sudafricano. Un ejemplo de esta situación era su capacidad de conceder la amnistía antes de que el acusado fuera condenado, con lo que podía conceder una especie de inmunidad política. En el caso concreto de la amnistía, la CVR actuaba como un tribunal que decidía entre otorgar la amnistía o denegar la inmunidad. Otro ejemplo de la peculiaridad de la comisión era el uso frecuente del testimonio como prueba legal, ya que el objetivo principal de la CVR era la verdad, la revelación total de los hechos.

La condición especial de la CVR también era visible por su posicionamiento intermedio entre los tres poderes del Estado. Era complementaria al sistema judicial, hacía recomendaciones al ejecutivo y presentaba informes ante el legislativo. De hecho, según Wilson, la CVR ponía los límites democráticos a los tres poderes. Era parte de la representación teatral que llevaba a cabo el nuevo estado para legitimarse frente a su antecesor. El potencial simbólico de la Comisión, derivado de su condición de entidad política, jurídica y, sobretodo, religiosa, es fundamental para comprender su alcance.

  • Los trabajos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

La CVR – presidida por el Arzobispo Anglicano Desmond Tutu –  estaba formada por diecisiete miembros. Se constituyó en tres comités: el de Violación de los Derechos Humanos, el de Reparaciones y Rehabilitación y el de Amnistía. El primero era el encargado de recibir las solicitudes de las víctimas, de tomar declaración a los testigos y de estudiar cada caso. Si la veracidad de un caso quedaba demostrada entraba en acción el segundo comité, cuya tarea consistía en valorar las medidas rehabilitadoras y las indemnizaciones adecuadas. El tercer comité, el de Amnistía, era independiente a los otros dos.

Algunas de las víctimas y testigos asistentes a las sesiones de la CVR.

La CVR recibió más de 21.000 declaraciones de víctimas. El gran número de actuaciones necesario para tratar de verificarlas generó una ingente labor de investigación externa a los cauces jurídicos ordinarios. Este factor permitió descubrir muchos hechos que hubieran quedado fuera del ámbito de acción de los tribunales. Ha sido, hasta la fecha, la comisión de la verdad con más atribuciones.

La actuación de la Comisión también tuvo que afrontar las limitaciones impuestas durante las negociaciones. La más grave fue que sólo serían consideradas como violaciones de los derechos humanos los actos que hubieran sobrepasado la propia legalidad del apartheid. Por tanto, las detenciones sin juicio, los traslados forzosos y un sinfín de violaciones de los derechos humanos no fueron considerados como tal. Es decir, se tenía que juzgar el pasado siguiendo sus propios criterios; la violencia ordinaria y cotidiana del apartheid quedaba impune.

Además, la CVR no contaba con los suficientes recursos para tratar de conseguir una verdadera justicia social. La redistribución económica necesaria para redireccionar los beneficios obtenidos gracias a la discriminación racial fue descartada. Pese a ello, la Comisión trató de hacer visible este hecho mediante grandes vistas de acontecimientos en que los grandes sectores sociales beneficiados por el anterior régimen –empresarios, jueces, iglesias, sector sanitario y medios de comunicación- declaraban ante la Comisión. Estas vistas trataban de hacer pública la colaboración de estos sectores con el régimen, o cuanto menos, su complacencia.

La CVR contaba con unos recursos muy escasos, además sólo tenía la capacidad de hacer recomendaciones ante otras instancias para promover la concesión de indemnizaciones. Este factor era conocido por las víctimas, sabían que su declaración en el mejor de los casos supondría una pequeña compensación. Muchas víctimas tan solo reclamaban el pago de una lápida como indemnización. Las que recibían mayores ayudas conseguían 3.500 $ anuales durante seis años. La Comisión no contemplaba medidas concretas para conseguir la reconciliación de la sociedad sudafricana, a pesar de que existían organizaciones que las proponían.

  • Amnistía:

La singularidad de la Comisión de la Verdad sudafricana es la vinculación de la amnistía con la propia comisión. En la mayoría de casos, la amnistía es un proceso judicial totalmente independiente. La CVR recibió más de 7.000 solicitudes de amnistía. Richard A. Wilson comenta que en el momento de escribir su artículo ha sido concedida a 170 personas, mientras que ha sido denegada a aproximadamente 1.500.

Los requisitos para solicitar la amnistía eran bastante claros. El delito por el que se pedía debía de haberse cometido en el periodo que va del 1 de marzo de 1960 hasta el 10 de mayo de 1994. Tenía que ser un delito de carácter político, que no estuviera motivado por el beneficio propio, el rencor o el despecho. Además, el solicitante debía relatar a la Comisión todo lo que supiera sobre el crimen, incluyendo la cadena de mando que lo había ordenado. Un aspecto llamativo era que no se pedía el remordimiento, hecho que no gustó a las víctimas, ya que en ocasiones vieron como eran amnistiados personajes que justificaban sus actos, e incluso algunos de ellos estaban orgullosos de lo que habían hecho. Cualquier proceso legal contra los acusados quedaba temporalmente suspendido mientras el comité de Amnistía de la CVR llevaba a cabo sus investigaciones.

Viñeta del dibujante sudafricano Zapiro que retrata la dificultad de conseguir la reconciliación en el seno de la sociedad sudafricana.

El principal inconveniente de la amnistía sudafricana es que las expectativas de las víctimas no se cumplieron, por varios motivos. La amnistía tenía carácter inmediato, mientras que las compensaciones para las víctimas llegaban tras largos periodos de espera. Además el hecho de no exigir el arrepentimiento de los culpables amnistiados fue difícil de llevar para los afectados. Entre las víctimas, la sensación de la impunidad oficial estaba muy presente.

Pese a esto, Richard A. Wilson considera que el proceso de amnistía que tuvo lugar en Sudáfrica ha sido mejor que el llevado a cabo en el resto de países en los que han tenido lugar procesos similares. Es muy importante que la amnistía no fuera general, sino individualizada. Además, la exigencia de revelaciones facilitó información que benefició a posteriores investigaciones.

  • El informe de la Comisión:

Las comisiones de la verdad son un mecanismo de creación de legitimidad para los nuevos estados que surgen de un proceso de transición. Pese a ello, hasta el momento no está demasiado claro si consiguen su objetivo. La impunidad de los anteriores dirigentes es siempre un grave inconveniente. Para solucionar este problema, la mejor opción es la publicación de nombres.

Los miembros de la CVR escuchando testimonios de víctimas del apartheid.

El informe de la CVR está formado por cinco volúmenes que suman en total 3.500 páginas. Se incluyen aproximadamente cuatrocientos nombres de implicados en violaciones de los derechos humanos, hecho deseable para todas las comisiones de la verdad, pero aún novedoso.

El informe trata de ser una especie de texto fundacional, trata de crear una nueva historia oficial de Sudáfrica. El Apartheid es definido como crimen contra la humanidad, para tratar de restar crédito a algunas teorías revisionistas que afirman que era un sistema de desarrollo separado con buena voluntad, aunque al final acabó desviándose. El informe cita las declaraciones de las víctimas, con el objetivo de que ellas también formen parte de la Historia de Sudáfrica. Otro elemento destacado es que el informe de la Comisión tiene validez jurídica y puede utilizarse para iniciar otros procesos, a diferencia de la mayoría de comisiones de la verdad.

El expresidente Frederik De Klerk.

Pese a la evidente buena intención, el informe tiene ciertas lagunas, ya que en los campos en que nadie solicitó la amnistía falta información. Por ejemplo, el expresidente De Klerk consiguió que se eliminara una página del informe en que se le vinculaba con los crímenes del Inkatha.

Pese a las reclamaciones de ciertos sectores del National Party y de la extrema derecha blanca de una amnistía general, una especie de ley de punto final, ésta no fue considerada por los líderes del CNA. A pesar de ello, Desmond Tutu hizo una propuesta según la cual los juicios por crímenes políticos no debían alargarse por un periodo superior a seis años, proponiendo, de esta manera una especie de prescripción de los delitos.

Bibliografía:

Artículo basado en el análisis de “Justicia y legitimidad en la transición sudafricana” de Richard A. Wilson, director del Human Rights Institute de la Universidad de Connecticut, que ha estudiado entre otras la transición de Guatemala y la de Sudáfrica. Está incluido en:

AGUILAR, P. et.al. Las políticas hacia el pasado. Juicios, depuraciones, perdón y olvido en las nuevas democracias. Ed. Istmo, Madrid, 2002.

Para ver el informe completo de la CVR: http://www.justice.gov.za/trc/

Historias africanas. Sudáfrica tras el fin del apartheid (Parte 1)

Tras más de cuarenta años de gobierno del National Party sudafricano, en 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas de la historia de Sudáfrica. Por primera vez en casi un siglo de historia de Sudáfrica como estado independiente todos los ciudadanos estaban llamados a participar en el proceso político. Negros, blancos, mulatos (coloureds) e indios podían ejercer su derecho a voto en igualdad de condiciones. Tras la infamia del régimen de Apartheid – la segregación racial legalizada – Sudáfrica dejaba de ser un Estado paria y el mundo ponía sus ojos allí a causa de un hecho positivo.

Nelson Mandela votando en las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica.

Tras la euforia inicial, tras convertirse en ejemplo para el resto del mundo y ser designada como la nación del arco iris (rainbow nation), Sudáfrica despertó de este breve sueño y tuvo que afrontar numerosos problemas. La existencia de un régimen político abominable a lo largo de cuatro décadas dejó al país una herencia muy difícil de asumir. Una sociedad violenta, injusta y desigual debía decidir su futuro y enfrentarse a problemáticas muy diversas: desde la erradicación de la pobreza o el analfabetismo hasta la lucha contra la epidemia del SIDA.

El liderazgo de Nelson Mandela daba esperanzas a un pueblo que había sufrido mucho durante mucho tiempo. La carismática figura de Madiba aglutinó a un país que trataba de salir de un periodo oscuro. La transición política hacia un estado democrático fue uno de los grandes retos que Sudáfrica consiguió superar. Que este proceso fuera llevado a cabo de forma pacífica, evitando un conflicto bélico a gran escala, es visto aún hoy en día como algo cercano a lo milagroso.

Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica racista, junto a Mandela. Ambos consiguieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En el año 2010, Sudáfrica fue el centro del mundo durante más de un mes gracias a la celebración de la Copa Mundial de fútbol. Numerosos fueron los análisis superficiales emitidos por los medios de comunicación, en los que solamente se repetían una y otra vez los mismos tópicos. Los estereotipos usuales sobre el África negra y referencias a los elevadísimos niveles de violencia presentes en la sociedad sudafricana eran usados en innumerables ocasiones por supuestos expertos.

El éxito cosechado por la película Invictus – basada en el libro de John Carlin El factor humano -, dirigida por Clint Eastwood y con Morgan Freeman representando a Nelson Mandela, también fue un gran escaparate para Sudáfrica. En este caso, los ojos del mundo se centraron propiamente en el proceso de transición del régimen del apartheid a un régimen democrático. El papel central del rugby como elemento de cohesión nacional, un símbolo afrikáner como los springboks – la selección nacional de rugby de Sudáfrica – fue adoptado como propio por gran parte de los sudafricanos negros. En el momento culminante, con una gran carga simbólica, Nelson Mandela hizo entrega de la copa que acreditaba que Sudáfrica era la campeona del mundo al capitán springbok François Pienaar.

Nelson Mandela saludando al capitán de los Springobks François Pienaar, tras hacer entrega de la copa del mundo.

Tras más de quince años desde las primeras elecciones democráticas, en las que Nelson Mandela fue elegido presidente de todos los sudafricanos por una abrumadora mayoría, creo que es posible analizar el actual estado de Sudáfrica y qué visiones son las más presentes en el panorama político sudafricano.

El análisis consta de tres partes fundamentales: en primer lugar, analizaré uno de los elementos esenciales del proceso de transición sudafricano, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y sus efectos en la democracia sudafricana (Parte 2). En segundo lugar, haré una breve comparativa de los balances que realizan las dos principales fuerzas políticas sudafricanas, el Congreso Nacional Africano (CNA), en el gobierno, y la Democratic Alliance (DA), en la oposición, haciendo especial énfasis en los argumentos de ésta última (Parte 3). Finalmente, compararé los análisis que llevan a cabo dos historiadores, R.W. Johnson ex-profesor en la Universidad de Oxford y corresponsal del Sunday Times en Ciudad del Cabo; y Robert Ross, profesor en la Universidad de Leiden (Parte 4).

Santiago Carrillo, una vida en el siglo XX español

Ayer falleció Santiago Carrillo Solares, uno de los grandes protagonistas de la Historia de España durante el siglo XX. Carrillo tuvo un papel importante en los grandes momentos del siglo pasado: Segunda República, Guerra Civil, Franquismo y Transición. Su vida estuvo – desde muy joven – ligada a la política, y su habilidad y su carisma le permitieron ocupar siempre un lugar destacado.

Santiago Carrillo nació en Gijón en 1915, en una familia con gran implicación política, ya que su padre fue dirigente del PSOE y la UGT a partir de los años 20. El joven Carrillo, ya en Madrid, se afilió a las Juventudes Socialistas y a la UGT. En sus primeros años en la organización Carrillo ejerció de periodista para El Socialista, siguiendo la información parlamentaria. En 1934 se conviertió en el Secretario General de las Juventudes Socialistas, en las que se posicionó junto a los sectores más revolucionarios. Su principal objetivo fue unificar a las Juventudes Socialistas y Comunistas.

El joven Santiago Carrillo.

Entre 1934 y 1936 Carrillo estuvo en la cárcel tras su participación en la Revolución de Asturias. Con la victoria del Frente Popular en febrero pudo salir de la cárcel. Tras su viaje a Moscú, del que se llevó una gran impresión, consiguió la creación de las Juventudes Socialistas Unificadas. En este trascendental momento estalló la Guerra Civil tras el fracaso de la sublevación militar del 18 de julio de 1936.

En noviembre, Carrillo vivió uno de los momentos más controvertidos de su larga vida. En un hecho que aún hoy genera una gran polémica, y que es aprovechado por la extrema derecha para atacarle, Carrillo participó en la defensa de Madrid. Era el Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, y la extrema derecha lo acusa de ser el responsable de la matanza de unos 4000 prisioneros – sobretodo militares – del bando rebelde. Las acusaciones empezaron cuando Carrillo accedió al cargo de Secrectario General del PCE, y su principal impulsor fue el régimen franquista. Posteriormente, después de numerosas investigaciones, no se ha aclarado al participación real de Carrillo y su grado de responsabilidad en los hechos; aunque las investigaciones más recientes afirman que Carrillo, como mínimo conocía los hechos. Santiago Carrillo siempre dijo que en una guerra suceden cosas horribles, pero siempre negó su implicación en los hechos.

Tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil, Carrillo se exilió a Francia ya como un miembro destacado del PCE. Tras varios viajes a la URSS y otros países de su órbita, tras el fallido intento de organizar una acción guerrillera en los Pirineos y tras las agrias disputas internas que provocó un artículo en el que Carrillo apostaba por la Reconciliación Nacional, finalmente en 1960 Santiago Carrillo fue nombrado Secretario General del PCE.

Santiago Carrillo junto a Dolores Ibárruri, La Pasionaria.

Los años 50 y 60 fueron de un gran evolución ideológica, desde el Estalinismo hasta la creación del Eurocomunismo tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968. Esta creciente independencia respecto a Moscú, permitió a Carrillo un acercamiento creciente a la realidad de España bajo la dictadura franquista. Trató de posicionar al PCE como la fuerza hegemónica de la opisición, y por tanto, como un partido dispuesto a gobernar una futura España democrática. Para conseguirlo, tuvo que renunciar a parte de sus principios: la aceptación de la monarquía como régimen político o los símbolos nacionales – bandera e himno – de herencia franquista.

Su papel en la Transición fue fundamental. Junto con Suárez consiguió crear y garantizar la subsistencia de un sistema político democrático. Para muchos era el mismísimo Satanás, tras muchos años de propaganda franquista que otorgaba al comunismo la voluntad de destruir España; para otros fue demasiado blando y complaciente con las fuerzas vivas del régimen al renunciar a la instauración de una república y al permitir que cayera el olvido sobre los crímenes del franquismo.

Carrillo con la peluca que le permitió entrar a España de manera clandestina.

Una figura siempre destacada y siempre en el ojo del huracán del debate político de los años 70 y 80, Carrillo es visto como uno de los padres de la Transición. Su legado político en el PCE es muy discutido, ya que consiguió su legalización a cambio de la renuncia a ciertos elementos básicos de su ideología y su tradición, y además obtuvo unos resultados electorales desastrosos para un partido que se creía hegemónico en la izquierda. Es remarcable su papel en el 23 F, en que fue uno de los pocos parlamentarios que se mantuvo en su escaño ante las amenazas de Tejero. Su salida del partido fue polémica, y la mayoría de sus seguidores pasaron a formar parte del PSOE.

Carrillo no se agachó ante los golpistas de Tejero en el 23 F.

Sus últimos años transcurrieron como tertuliano, siempre opinando sobre la actualidad política del estado. Más allá de los 90 años de edad Santiago Carrillo seguía mostrando una gran lucidez y una capacidad de análisis impresionante. Su memoria era aún capaz de recorrer 80 años de la Historia de España vividos en primera persona. Una vida larga y cargada de momentos históricos imprescindibles para comprender el convulso siglo XX en España. Un personaje partícipe en los momentos más oscuros – Guerra Civil y Franquismo – pero también en los más claros – Transición a la Democracia -; en definitiva, uno de los protagonistas de la España contemporánea.